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Otras opiniones

ZP: La mediocridad en estado puro…con Lacalle como portaestandarte

Febrero 11, 2010

Lo primero que debo escribir es que el Zapatero de la hora actual me produce lástima, me da pena, me excita la caridad humana, me golpea mis instintos cristianos. ¡Pobre muchacho! Ya sé que lleva seis años en la mamandurria, comiendo a dos carrillos, que ha puesto a España en su punto de despojo, pero, oiga, al fin y al cabo humanos somos.
Alguna vez me topé con el entonces oscuro diputado por León en los pasillos del Congreso de los Diputados y me enteré por aquellos años, cuando no era más que un congresista culi parlante, un dirigente sindical de provincias despreciado incluso por sus propios jefes, que dedicaba la mayor parte de su tiempo en Madrid a jugar al mus con un grupito de periodistas acreditados en la Cámara Baja. Algunos, como Julián Lacalle o Martín García Vega, recibieron sus pesebres, especialmente el primero.
Luego hablaré del muchacho navarrico, emparentado con prebostes franquistas que dirimieron con altas responsabilidades la Guerra Civil. En fin, el derecho a la evolución no seré yo quien se lo niegue a nadie.

Mediocridad, incompetencia, fufú

A nadie puede sorprender lo que está ocurriendo con Rodríguez Zapatero. Es una caña movida por el viento. Un pobre hombre, sin convicciones, sin preparación, con una pátina de cultureta de la nada, pero que ostenta la primera magistratura del poder en España.
Se le considera, dentro y fuera del PSOE, como un personaje amortizado, sin futuro alguno y al que la Historia le tratará de manera muy severa. Incluso gentes que le deben todo en sus carreras políticas han empezado ya a soltar amarras. Nunca un Jefe de Gobierno en la España democrática se había convertido en un apestado en tan corto espacio de tiempo.
Es verdad que hay que concederle la medalla a la supervivencia política pero eso sucedió cuando la caja estaba a rebosar. Se está hundiendo en su propio detritus.
No vale. No sabe. No puede.

Lo de Lacalle

Cuando me enteré que Julián Lacalle, un meritorio de Antonio Herrero en mi época de Europa Press, era uno de los “hombres” de Zapatero me llevé las manos a la cabeza y callé. Yo sufrí en mis carnes las capacidades de intoxicación con otros compañeros, políticos… Día tras día, año tras año, las maldades de este navarrico que durante los años universitarios sólo destacó en aquel campus por jugar bien al fútbol. Y por hacer la pelota a los que posteriormente podían darle algún empleo. Nunca supo el porqué de su inquina… “Es así”, me decían otros compañeros.
Recuerdo que gracias a Miguel Platón, que no es precisamente un izquierdista, consiguió el puesto de Jefe de Prensa del ínclito Manuel Clavero como ministro de Administración Territorial en aquel Gobierno de UCD, le felicité, aunque nunca creí que el sevillano fuera el estadista que Lacalle intentaba vender. Fuera como fuese el hecho es que me cogió tal manía que se dedicó a esparcir todo tipo de maldades sobre mí, incluida aquella de que yo cobraba de Aznar (sic) -como posteriormente se pudo demostrar a sensu contrario-, cuando en realidad el único que cobraba y cobra de Zapatero es él. ¡Manda huevos! Hasta el punto que fueron numerosos los compañeros que estaban acreditados en el Congreso los que me alertaron acerca de semejante personajillo que siempre intentó entrar en El País y nunca fue recibido.
Otra mediocridad, eso sí, malvada. Y que hacía daño.
Lleva ya seis años en coche oficial y que le quiten lo bailaó. Nunca quise hacerme eco de las maldades (supongo), que gentes próximas en Moncloa me transmitían sobre el personaje. Lo hago ahora relativamente pero simplemente para aplicar criterios profesionales de mérito político.
Porque al final la teoría del mérito o el demérito coloca a cada uno en su lugar. Cuando Zapatero se vaya a paseo supongo que el bueno de Lacalle encontrará refugio en alguna Fundación al uso. De izquierdas, naturalmente. Es decir, de los que como sus antepasados ganaron por las armas la Guerra Civil.

Graciano Palomo es periodista, analista político y editor de Ibercampus.es