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Rope-a-dope

Zozulya sabe lo que es, y ustedes no

Marzo 22, 2017
Zozulya

Yo soy socialdemócrata. Me identifico con el movimiento neoliberal. Siempre he defendido los ideales comunistas. Simpatizo con la derecha. Mi posición política se encuentra en la izquierda. Son estas algunas de las frases más repetidas cuando en las discusiones de tasca, plaza o colegio electoral -en esas en las que rezuma lo social por los cuatro costados de las estancias-,  los interlocutores deciden desgranar el polémico melón del orden público de los ciudadanos de la polis. El uso manido e incluso frívolo de estas expresiones ha convertido a la res pública en una feria de tres días en la que los trileros mueven los cubiletes de las distintas formas de gobierno intentando despistar al pueblo del lugar en el que se encuentra el verdadero quid de la cuestión. Importa más significarse a uno u otro lado de la escala de grises, que utilizar de forma coherente el voto o reclamar a los partidos políticos el cumplimiento de sus programas. Y es que en España se ha llegado a un punto peligroso en el que aquel que no sabe dónde está su sitio en el panorama político se encuentra perdido entre la marabunta de la ignorancia. Una situación que permite, a los individuos, propinar sucesivas y dolorosas patadas a la historia política universal y a sus adalides.

Todos dicen lo que son, sin saber lo que son ni lo que representan, sin saber siquiera qué significa lo que dicen ser, y lo que es más grave, todos juzgan a los demás por decir que son algo diferente, por seguir unas ideas alternativas e ignorando completamente que esas dos posturas, A y B, están bastante más cerca de lo que creen.

Juzgar modos de pensar

Consideremos pues, dos de los continentes que engloban a muchos de los ciudadanos expuestos líneas arriba: socialdemocracia y liberalismo (o neoliberalismo es su versión más snob). Escogemos estas dos figuras porque, indiscutiblemente, están de moda y porque dentro del espectro español es más cool decir que “soy de Podemos porque hacía falta una bocanada de aire fresco en el sistema partidista y es lo que más se parece a la socialdemocracia” o decir que “soy de derechas de siempre, pero me gustaría que el PP evolucionase más hacia el neoliberalismo”. Ni que decir tiene que los de la primera fase repugnan a los de la segunda, y viceversa.

Cualquier modo de juzgar las formas de pensar es ridículo y en política más absurdo si cabe, cuando lo que se busca es el bien común de la sociedad. Pero nunca antes se habían visto tales guerras y disputas por decir abiertamente si gusta más la clara o la yema de los huevos -véase el caso Zozulya-. Señores, taberneros, ejecutivos, ingenieros, vendedores, comerciales, en definitiva, cuñados: muerto el comunismo y las máximas que rezaban aquello de “de cada cual según sus capacidades y a cada cual según sus necesidades”, descartada la lucha de clases como motor de cambio social y aparcados términos como la alienación marxista, la socialdemocracia no es otro ideal que aquel que busca la arribada del socialismo a través del liberalismo. Uno de sus padres, el germano Eduard Bernstein, asegura que es posible llegar a esta estación por medio del sindicalismo y la acción política pacífica. El capitalismo puede llegar a convivir con una legislación social y un Estado intervencionista comparte las empresas nacionales con la iniciativa privada. Una teoría que sería firmada por muchos votantes de “derechas”.

El liberalismo no va en sus premisas mucho más allá. Lo que algunos consideran el anticristo de la política, no es tan fiero como lo pintan. El gran filósofo inglés John Locke, responsable de su versión más clásica, hizo sentar las bases de esta doctrina en una sólida tríada: vida, libertad y propiedad privada. El individualismo, la libertad como derecho inviolable, el principio de igualdad ante la ley, el derecho a la propiedad privada, la división de poderes y la libertad de cultos, así como la laicidad del Estado, son los valores que promulga originariamente el tan detestado liberalismo. ¿Qué persona de “izquierdas” no firmaría la mayoría de estas condiciones? Su versión 2.0, el neoliberalismo de Milton Friedman y el exagerado uso de la libertad en el campo económico, restando toda potestad al Estado, es otro cantar.

El sufragio universal, parte como mandato innegociable de cualquier forma de organizar el estamento político de un territorio. Un sufragio universal que recae en aquellos que dicen yo soy socialdemócrata, me identifico con el movimiento neoliberal, siempre he defendido los ideales comunistas, simpatizo con la derecha o mi posición política se encuentra en la izquierda. Señores, taberneros, ejecutivos, ingenieros, vendedores, comerciales, en definitiva, cuñados, voten. Llenen los colegios electorales y usen, con cabeza y raciocinio, su poder decisorio y electivo. Pero, por favor, no profanen con frases arquetípicas los principios fundadores de grandes movimientos en los que la sociología, la filosofía y la politología han trabajado durante años para encontrar diversos moldes que puedan contribuir al florecimiento de grandes logros en las sociedades y al apuntalamiento del bienestar. Como en la religión, la yihad es la inflamación del islam y en la medicina, la apendicitis es la inflamación del apéndice, en la política Mariano Rajoy y Pablo Iglesias pueden ser la inflamación del liberalismo y de la socialdemocracia. Algo parecido dijo Savater.

Jesús Prieto