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Otras opiniones

Zarzuela debe decir qué le pasa al Rey

Septiembre 4, 2010

Toda España es un inmenso rumor, un grandioso tam/tam, a propósito del estado de salud del Rey, aquel que fue motor de la Transición y garantía durante el 23-F.

¡El tiempo todo lo puede! Y más en España, país olvidadizo, desmemoriado y en gran cantidad de ocasiones ferozmente pendular.

El hecho cierto -al iniciarse el decisivo curso del otoño del 2010-, es que todo el mundo se pregunta qué le pasa al Rey. ¿Qué le pasa? Debe ser algo serio, dicen, porque salvo para recibir al equipo nacional de fútbol y a la señora Obama está missing. ¡Ya se sabe! Desde Fernando VII, el más abyecto de cuantos borbones pulularan por estos lares, sobre la monarquía todo es posible.

Hay un creciente protagonismo de los Príncipes de Asturias, lo cual es lógico, bueno y sensato, pero, ¡ojo!, que no se engañen, aquí el que mola es Don Juan Carlos, con sus luces y sus sombras (amigos peligrosos), porque al fin y a la postre tiene su aquel.
 
Insisto, la Casa debe ser más transparente que nunca, no dejar el menor resquicio a la rumorología, abrir las ventanas de Palacio, porque lo otro es letal. ¿Acaso hay alguien que no sabe que los Reyes también padecen enfermedades y que son mortales?

Los “Letizios”, un punto de inflexión

Tal y como están las cosas en este país (la derecha ultra mira de reojo a La Zarzuela y la izquierda, of course, desea su eliminación manu militari), cuando se produzca lo que por ley natural llegará la Institución pasará su rubicón.
 
La plebeya Letizia es la que corta el bacalao, dicen, que yo de esto no tengo ni repajolera idea. La conocí el pasado año en la entrega de los Premios Príncipes de Asturias en Oviedo y sólo pudo colegir que hablaba demasiado y le mato el ansía de protagonismo. Pero, ojo, es una mera impresión de unos minutos.
 
No lo van a tener fácil. Porque las nuevas generaciones, me perdonará mi amigo Felipe Arrizubieta (uno de los hombres más condenadamente inteligentes, experto jurídico y gran conocedor de la Historia que me encontré a lo largo de mi ya dilatada vida), pasan olímpicamente de la realeza. Por pasar, pasan hasta de la izquierda y la derecha porque de lo que realmente están ocupados es de sobrevivir. Y sin juventud a favor y clases medias ilustradas los “Letizios” tienen menos posibilidades de sobrevivir que un caimán en el río de mi pueblo.
 
Lo único que les puede salvar es que transmitan, porque sea verdad, una imagen de austeridad que nos permita colegir que son baratos. Porque mandar, lo que se dicen mandar, mandan menos que yo en presencia de mi esposa.
 
Tengo para mí que la tarjeta de golpes de Don Juan Carlos y Doña Sofía – siempre tan en su sitio, aunque con la sonrisa permanentemente forzada-, es singularmente importante en la historia reciente de nuestra nación. Y esa Historia terminará por reconocerlo.
 
Lo cual no significa más. Si el Rey desapareciera del organigrama de instituciones de España está claro que los secesionistas trasnochados y de vuelos gallináceos lo tendrían más fácil.


Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es