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El mayordomo

Zapatero: ¿uno de los hombres más elegantes del mundo?

Abril 23, 2011

Primero fue que Elvis estaba vivo, luego que en el año 2000 se acabaría el mundo y ahora que nuestro presidente es todo un referente de estilo. ¿Qué será lo siguiente?


Si alguien pensaba que después de que Javier Bardem fuera escogido por la revista GQ como el hombre mejor vestido del mundo del 2010 ya nada podía sorprendernos, de atenernos a la última revelación de Madame Figaro, parece claro que estábamos equivocados. 

La publicación francesa no ha tenido reparo alguno en afirmar que José Luis Rodríguez Zapatero se ha ganado el mérito de ser escogido como uno de los veinte hombres mejor vestidos del planeta por su “toque chic” y su “elegancia clásica”. 

Y para ello no ha tenido inconveniente en poner como ejemplo una foto del afortunado galardonado que según nuestro criterio es todo un mar de despropósitos pero que efectivamente bien puede reflejar el estilo de nuestro presidente. ¡¡Flaco favor han hecho al estilo de Zapatero escogiendo semejante foto!!. Analicémosla: 

Si nos fijamos en su chaqueta lo primero que llama la atención es su cuello desbocado. Como es fácilmente apreciable en la foto de la publicación francesa, el cuello no solo se abre por su parte trasera sino que además lo hace a la altura de las solapas. Esto impide que el cuello de la camisa esté en contacto tanto con la chaqueta por su parte trasera como con las solapas en la parte frontal. Dos fragantes errores que hablan claramente de una mala hechura y de carencia de toda elegancia posible.
 
Las mangas de la camisa quedan visiblemente largas como también lo hacen las de la chaqueta. Si bien siempre resulta acertado que los puños de la camisa sobresalgan sobre las mangas de la chaqueta, hay que hacerlo en el comienzo de la muñeca y no más abajo. 

Otro fallo a destacar en el atuendo de José Luis Rodríguez Zapatero es su poca o nula pericia a la hora de realizarse el nudo de la corbata. Desconocemos el por qué de su manía de no ajustar dicho nudo al botón del cuello de la camisa quedando en muchas ocasiones incluso lejos de éste. 

Si el lugar donde termina el nudo de su corbata no es el correcto tampoco lo es su forma. Esa fea costumbre de nuestro presidente de no apretarse el nudo de la corbata hace que con el paso de las horas dicho nudo se vaya deshaciendo dando como resultado un nudo de grandes dimensiones y carente de cualquier forma determinada. 

Como seguramente no podía ser de otra forma, José Luis Rodríguez Zapatero, como buen representante de una mayoría de los ciudadanos españoles, escoge con mucha más frecuencia de la que cualquier seguidor de la elegancia desearía, unos mocasines para acompañar a su traje. 

Y esto no es una excepción en la foto en la que Madame Figaro acompaña la reseña de nuestro presidente. Si bien esto no deja de ser un error de Zapatero, mayor todavía lo es el de esta publicación al desconocer que nunca, quien acompaña su atuendo de chaqueta con unos castellanos, puede ser incluido en lista alguna donde la palabra elegante esté presente. 

Si hasta ahora solo hemos analizado la foto que muestra el por qué el retratado, según Madame Figaro, es merecedor de ser considerado como uno de los hombres más elegantes del mundo, ahora nosotros iremos un paso más allá y estudiaremos otras muchas instantáneas que demuestran el por qué José Luis Rodríguez Zapatero y la elegancia masculina son antagónicos. 

Como apuntábamos en estas mismas páginas hace más de un año al analizar el “estilo zapatero”, la predilección de este por los trajes varias tallas grandes ha hecho que no vaya a pasar a la historia como uno de los mejores presidentes vestidos. Nadie, con seguridad, pediría a su presidente del Gobierno que se convirtiera en un nuevo Cary Grant pero de ahí a transmitir con su vestimenta una imagen al exterior de que los españoles no sabemos vestir, va un mundo. 

Igualmente, si tiráramos de hemeroteca observaríamos como las arrugas han acompañado a Zapatero en sus múltiples apariciones llegándose a convertir en amigos inseparables. 

Si sus arrugas han firmado un contrato, al parecer, indisoluble con su chaqueta y su pantalón, el corte de su ropa parece estar confeccionado pensando más en un fornido jugador de rugby que en un hombre alto de físico estándar. Nunca llegaremos a entender qué atractivo pueden ver sus asesores de imagen en esas chaquetas dos tallas grandes y en ese largo del pantalón que arrastra prácticamente por el suelo. 

Y si al menos tuviera cierto gusto en la elección de sus zapatos y nuestras miradas vislumbraran un buen par de zapatos en sus pies, muchos de estos fallos no nos llamarían tan poderosamente la atención. 

Pero como decimos, esto claramente no es el caso y nuestro presidente se ayuda, casi en exclusiva, de mocasines para acompañar a sus trajes en su día a día. Si mal quedan las arrugas de un largo pantalón sobre un buen zapato de cordones, horrorosa es la imagen resultante de hacerlo sobre unos castellanos. 

Los personajes públicos, y más los presidentes de Gobierno, tienen la obligación de cuidar la imagen ya que no solo transmiten al exterior la suya propia sino que además lo hacen la de la totalidad del país al que representan. Y Zapatero con su destartalada manera de vestir no deja al estilo español en buen lugar fuera de nuestras fronteras. 

Dicho esto también es importante pedir a esos gurús de la moda que cada día con más frecuencia se atreven a establecer rankings de los hombres más elegantes, que antes de pasar al análisis de los galardonados nos expliquen su concepto de elegancia. Seguramente tras conocerlo, a muchos de nosotros no nos interese perder nuestro tiempo leyendo sus críticas. 

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com

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