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No me moverán

Zapatero pesimista, yo optimista

Mayo 25, 2010

Soy español de nacimiento y, como tal, debería ser pesimista. Desde el siglo XVI para acá esta “España nuestra, esta España mía” (como dice la canción), ha tenido una larga decadencia, salpicada por periodos de prosperidad. España fue importante militarmente, conquistó; también lo fue administrativamente: con sólo un puñado de servidores de la Corona era capaz de manejar vastos territorios. España tuvo una universidad, la salmantina, donde los escolásticos tardíos desarrollaron una teoría moral base de los estudios económicos del liberalismo posterior; también tuvo un Siglo de Oro en artes y literatura. España era rica en ganadería y producción textil. Pero también se desangró en guerras imposibles, decadencia de sus gobernantes, apatía de sus dirigentes y molicie de sus gentes. Por eso, sus vanguardias intelectuales cayeron en el pesimismo. La Generación del 98, la de la pérdida de los últimos bastiones del imperio (Cuba, Puerto Rico y Filipinas), es su máxima expresión.
 
Sin embargo soy optimista. Un pueblo capaz de sobrevivir a todos estos avatares no es fácil de vencer. Lo más importante que tiene es la capacidad de sus habitantes. Esta tierra da personalidades sorprendentes. Personalidades empeñadas en proyectos magnánimos, dispuestas a romper con el ambiente. Por eso soy optimista.
 
Recordando a Kennedy cuando apeló a los estadounidenses, o a los regeneracionistas españoles, es el momento de saber lo que cada uno podemos hacer por los demás y olvidarnos de lo que el Estado puede hacer por nosotros.
 
Desconfianza del pueblo español
 
El Gobierno actual se encuentra en una encrucijada. Incapaz de haber previsto las consecuencias de su despilfarro económico, ha generalizado el mundo de la subvención. El presidente Rodriguez Zapatero es un hijo del pesimismo español. Desconfía de la iniciativa privada, que conlleva el capitalismo como organización económica. Desconfía del deseo de superación del ciudadano y de ahí su empeño en subvencionar.
 
Empujado por la Unión Europea pidió sacrificios a la sociedad y, en particular, a los empleados públicos ¿No sabe que ya se los ha impuesto a muchos más?: a los parados (4,6 millones); a los empleados del sector privado, que ven mermados sus salarios; a los autónomos, que viven de una facturación reducida, a veces no cobrada y con el IVA abonado; a multitud de empresarios que tienen que despedir a sus colaboradores, cuando no cerrar sus negocios, etc.
 
Pero este domingo ZP, en Elche, trato de convencer de lo contrario: los pensionistas no verán mermada su capacidad adquisitiva; los funcionarios en realidad casi cobrarán lo mismo. Eso sí, altos cargos y ricos pagarán más, como si éstos con su trabajo o inversión no fueran parte importante de la creación de trabajo. Dice que se endeuda él (bueno el Estado), para que no paguen los ciudadanos, como si el Estado no fuéramos todos. ¡Pues que bien! Estas medidas ya pronostican una reducción del consumo, un desincentivo para los emprendedores y, por ende, disminución del PIB, es decir paro.
 
Nosotros, no ellos
 
Pues a pesar de todo soy optimista. El pueblo español ha demostrado que es capaz de superar malos gobernantes; tenemos empresas multinacionales de nivel mundial por primera vez en siglos en construcción, telefonía, distribución, banca, textil… Nuestros emprendedores son capaces de instalarse en los nichos de mercado más sorprendentes; la biotecnología o las energías alternativas lo demuestran. España va a cambiar su modelo productivo, eso es seguro. Pero será, como tantas veces, a pesar de los gobernantes; lo cambiarán los grandes empresarios, los pequeños y medianos emprendedores, los trabajadores (eso sí superando unos sindicatos burocratizados y sumisos al poder).
 
Lo que luego no debemos admitir que los Gobiernos nos digan que han sido los que han hecho el trabajo. Habremos sido nosotros, cada uno loa trabajadores, los autónomos, los empresarios, las amas de casa, los estudiantes, los funcionarios…. Por eso, yo soy hijo del optimismo español a pesar de la actual situación.
 

José Ramón Pin Arboledas es profesor del IESE y Director del Executive MBA