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Atando cabos

Zapatero no ecológico

Marzo 17, 2011

Lo que son las cosas. Siete años en el Gobierno. Dos treguas de ETA. Reforma laboral. Una huelga general. Recortes sociales. Reformas fiscales. Cambio del sistema financiero. Una profunda crisis económica. El debate de la sucesión sin resolver. Y el Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero haciendo, diciendo y deshaciendo cosas que ni él mismo pensaba que podía decir cuando desde aquel balcón de la calle Ferraz afirmó aquello de “os prometo que no cambiaré”,  la noche en la que fue elegido Presidente del Gobierno por primera vez en marzo de 2004.

Pase lo que pase, y con independencia de que el “trabajo sucio” sea reconocido cuando transcurran los años, lo cierto es que esta segunda legislatura de Zapatero ya es la legislatura en la que Zapatero se negó a si mismo.

Lo último, algo que pertenece al terreno de la “convicción”, como diría el propio Rodríguez Zapatero: La  posición oficial del  Gobierno socialista sobre el debate nuclear en España. Lo hizo en el Congreso de los Diputados, con toda la solemnidad del mundo, diciendo en varias ocasiones que el debate nuclear no puede, ni debe ser “ideológico”,  sino “racional”. Que las ventajas de la energía nuclear en España son muy “importantes”. Que “nuestras centrales nucleares han estado y están sometidas a rigorosos exámenes de seguridad”. Y sobre todo, el reconocimiento del cambio más explicito: “las cosas se ven distintas cuando uno es Presidente del Gobierno a cuando no lo es”. Rodríguez Zapatero reconociendo que el poder le puede cambiar. Que una cosa es acudir con una pancarta a una manifestación pidiendo el cierre de centrales nucleares, y otra bien distinta tener la responsabilidad de gobernar, garantizar la energía al menor coste posible, y cuidar por los intereses económicos de un país.

 

El síndrome de la Moncloa

Pero la conversión de Zapatero en el debate nuclear, como en otros tantos, no escapa de ese  cierto “síndrome de la Moncloa” que suele aparecer al final de los mandatos  cuando ya no se buscan exclusivamente réditos electorales. Ahora, el Presidente del Gobierno está en ese momento de hacer y deshacer lo que él considera oportuno y conveniente, y que apechugue el que venga. El cambio, positivo para algunos, incongruente para otros, es una realidad. Y lo llamativo es observar, en el final de la legislatura, cómo aquel  José Luis Rodríguez Zapatero defensor vehemente de las energías renovables habla ahora de las bondades de la energía nuclear. O como aquel Zapatero de “Rodiezmo” justifica la congelación de las pensiones. O como aquel impulsor de la Alianza de la Civilizaciones  defiende ahora una intervención armada en Libia.

Por cierto, después de darle tantas vueltas y de pregonar a los cuatro vientos que Gadafi estaba acabado, que el “dictador” debía desistir. Aquí la única zona de exclusión aérea que se ha decretado es la de Fukushima, para que no se arriesguen los aviones, y los helicópteros, a sobrevolar la central que ya ha soltado a la atmósfera gases radiactivos. Gadafi podría gasear hoy o mañana a todo Bengasi y nadie le iba a tocar un pelo por hacerlo. Esto es lo que hay.


Juan de Dios Colmenero, Jefe de Nacional de Onda Cero