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Otras opiniones

¿Zapatero en el banquillo?

Enero 24, 2012

Desde que empezaron a levantarse las primeras alfombras del Gobierno -es un decir-, de Zapatero,  descubriéndose el despilfarro y la ruina multiplicados, mucha gente abogó por una Ley que nos asemejara a Islandia, que al fin y al cabo no es un  país extraterrestre, sino del ámbito europeo. Hace unos meses, en Islandia se inició un juicio que sentó en el banquillo de los acusados al ex primer ministro conservador Geeir H. Haarde, procesado por su negligente política con la banca, que puede llevarlo a la cárcel. Su Gobierno pretendía que cada familia islandesa pagara unos 50.000 euros para saldar la deuda de sus bancos. Más o menos lo que pasa  aquí, sólo que allí, una Isla envidiada en todo el mundo, no lo han permitido. En Islandia políticos y banqueros irresponsables, si la hacen, la pagan, van a chirona.

La  llamada “Ley Montoro” – se presenta como algo similar. Lo que anunció el ministro de  Hacienda hace unos días, la Ley  de Estabilidad Presupuestaria y  la Ley de Transparencia,  con la advertencia de que los gestores públicos que incumplan los objetivos de déficit podrían incurrir en responsabilidades penales,  podría llevar a la cárcel a más de uno. Según los expertos, de aplicarse con una retroactividad mínima, desde 2009, llevaría a la cárcel a José Luis Rodríguez Zapatero y a 16 presidentes autonómicos. En  el ejercicio de 2009, el objetivo de déficit era del 1,5% y se acabó en el ¡11,1%! En 2010, las cifras fueron el 5,4% previsto frente al 9,3% real; y en 2011, el 6,0% de los Presupuestos ha acabado por encima del 8,0%. Y en las Comunidades Autónomas, salvo Madrid, ídem de ídem.

En Alcalá-Meco también luce el sol

No miremos más atrás, porque si a la luz de esa supuesta ley se analizara la época del cambio que empezó en 1982 con el PSOE, en proporción más corrupta y dilapidadora que la de Zapatero -su responsable, Felipe González-, en lugar de ir tostándose la barriga en las playas caribeñas con su novia, podría hacerlo, sí, pero en Alcalá-Meco, que también luce el sol. Pero salvo que el PP incida en la retroactividad, las cosas seguirán su curso normal: a Zapatero le pagamos un sueldo cercano a los 100.000 euros, pensión sustanciosa, secretaria, coche oficial, escolta y otras gabelas, por haber arruinado al país. Y Felipe González cobra otro tanto y, además,  se ha hecho multimillonario con sus negocios americanos de influencia.

Una fiscalización del dinero de todos los españoles, como la que pretende la “Ley Montoro” no resulta extraño que moleste a la clase política, especialmente a la oposición (CiU, PNV, PSOE e IU, especialmente), que la ha rechazado tildándola de “ocurrencia”. Claro, es  mucho mejor la oscuridad en las cuentas públicas que permita subvenciones estúpidas tipo Aído y Pajín, sueldos mastodónticos, embajadas fantasmagóricas, aeropuertos sin aviones, trenes de alta velocidad sin pasajeros…

El pesebre de Bibiana Aido

Por poner un ejemplo,  en el pesebre de Bibiana  -que ahora disfruta de un sueldo de 100.000 euros, en la ONU, gracias a Zapatero, sueldo que sale del bolsillo de los españoles-, solo en 2008, habían salido 3.450.000 euros con destino a asociaciones de lo más pintoresco-, feministas de todo pelaje, periodistas mujeres, juristas mujeres, concejalas, etc..  que continuaron en años sucesivos hasta unos 7 millones en 2010, su último año de ministra.
 
Miedo en el cuerpo de más de uno
No resultaría extraño que hubiera una Ley como la que propugna Montoro. Es normal que los ciudadanos, a los que se les exigen continuos sacrificios económicos para solucionar estos desaguisados, exijan que su dinero se administre bien y el que no lo haga, que lo pague. Es cierto que la malversación y la corrupción están tipificadas penalmente, que devuelvan lo robado y paguen con cárcel, aunque casi siempre ni una cosa ni la otra, pero una Ley como la que pretende Montoro, pese a sus dificultades de aplicación,  al menos metería el miedo en el cuerpo a más de uno.

Por cierto, en estos días que tanto se ha hablado –bien-, de Manuel Fraga a  raíz de su muerte, casi nadie ha resaltado la principal característica de su actuación pública. Después de 60 años dedicados a la política no se ha llevado ni un céntimo al bolsillo que no fuera legal. Y estuvo nada menos que al frente de la industria más importante de este país, el turismo, como ministro todopoderoso del ramo, en plena época desarrollismo franquista, en los años sesenta, donde inauguraba más Paradores que Franco pantanos. No se le conocen sobres bajo cuerda,  ni gasolineras y otras desvergüenzas. No era santo de mi devoción -tuve algún enfrentamiento con él, aunque siempre fue atento en mis entrevistas-, pero la otra noche lo resalté en 13 TV como alguien a imitar en medio del paisaje cotidiano de la corrupción política. Y aquí también lo hago.

Sebastián Moreno