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Mensaje en una botella

Yo no tengo Amy Martin que me escriba

Enero 24, 2013

Lo que lees es lo que soy. Lo que soy es lo que lees. Yo no tengo Amy Martin que me escriba. Nunca me he embozado tras una capa ni he cubierto mi rostro con antifaz siquiera. Siempre he escrito a pecho descubierto. Prefiero que los errores y los aciertos viajen seguros en mis alforjas. Mejor en mis alforjas que en las de un señor de Cuenca, que es una ciudad preciosa dicho sea de paso por parte de este articulista nacido en Sevilla.

Cuando aparece el folio en blanco ante los ojos, tienes siempre dos opciones: escribir como sientes o sentir como escribes. Escribir como sientes se aproxima a la faena del diestro que parece querer dejar la taleguilla prendida en el asta del toro, apurando la distancia hasta el límite vital de la supervivencia. Escribir como sientes es jugarte la vida.

Sentir como escribes se parece más a la encarnación de un personaje sobre las tablas de este inmenso teatro que es la vida, provocando la risa o el llanto, haciendo que el espectador se conmueva a distancia merced a la telepatía. Que es tanto como sufrir de lejos (del griego tele –lejos- y pathos –sufrimiento-). Sentir como escribes es jugar con la vida. 

Como Edipo 

El abismo del folio en blanco (habitualmente en la pantalla de un ordenador pero, por ejemplo en el caso de este artículo, antes en papel) te precipita a una de estas dos formas de escribir ya descritas. El Destino te marca la ruta cada vez que escribes y te conduce por uno de los dos caminos. Hay días que no estás para uno y días que no estás para el otro. No son intercambiables: son probables.

Elegimos la ruta como Edipo eligió la suya en aquella encrucijada de tres caminos: sin saber si nos conducirá al éxito o al fracaso, a la felicidad o a la desgracia, a la gloria o al desastre, a la conquista o al secuestro. Y, como Edipo, nos enfrentamos diariamente a varias encrucijadas en las que hemos de elegir entre varias sendas. En cada elección nace un nuevo rumbo. En cada descarte se desvanece una oportunidad que ya nunca conoceremos.

Yo no tengo Amy Martin que me escriba. Yo mismo soy mi Fundación Ideas porque las ideas que transmiten mis palabras son obra de esta mente y este corazón. No hay acusación, juicio o condena en mis palabras. La pena impuesta a Amy Martin va a ser infinita. Tan infinita como las palabras. Y por si acaso te lo preguntas, he escrito como siento.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero