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Mensaje en una botella

Yo imputo, tú imputas, él imputa

Enero 8, 2014

Qué mal suena el verbo imputar. Y no digamos su conjugación. El presente de indicativo es un monumento a la cacofonía. Las tres primeras personas del presente de indicativo duelen con sólo ser pronunciadas: yo imputo, tú imputas, él imputa. El dolor probablemente aumenta si resultas imputado o imputada. Menuda putada.

Imputar es, según el Diccionario de la Real Academia Española, “atribuir a alguien la responsabilidad de un hecho reprobable”. Esto es lo que ha hecho el juez Castro con la infanta Cristina. El magistrado atribuye, entre otras cosas, a la hija del rey “la actitud propia de quien mira para otro lado” respecto a los negocios que hacía su marido. José Castro ha imputado a Cristina de Borbón porque sospecha que ella sabía lo que hacía Iñaki Urdangarín.

Mirar para otro lado es una práctica tan común como antigua. Ojos que no ven, corazón que no siente es una máxima a la que aferrarse desesperadamente cuando la mosca que tienes tras la oreja es de unas dimensiones descomunales. En esos casos, es tan cobarde como humano el truco de hacerse el longui. Es mejor irse al cine o salir a dar una vuelta para hacer tiempo en lugar de llegar a casa y encontrarte a tu churri poniéndote una cornamenta legendaria. Cualquier cosa con tal de no convertirte en el tercero en discordia. El tercero de la tarde de seis toros seis, por ser precisos.

En el mismo colchón

Claro que poner los cuernos es una cosa y llevártelo calentito es otra. En el caso de hacer negocios o enjuagues a escondidas de tu churri, la cosa se complica. No sólo se complica para quien hace la pifia. También para quien no quiere saber nada de la triquiñuela y prefiere silbar mientras mira por la ventana. Natural. Los cuernos no son delito y trincar un pastizal puede llegar a serlo.

Acertar o equivocarse con la persona a la que eliges para compartir tu vida es como jugar a la lotería porque nunca sabes cuándo puede tocarte el Gordo. Pero acertar o equivocarse cuando formas parte de la familia real no es un juego. Y si va un juez y te imputa, la cosa se complica porque la imputación se convierte en noticia de alcance internacional. Los habitantes del planeta que no supieran que en España existe una monarquía, ya se han enterado gracias a los periodistas. También se han enterado de que una de las hijas del rey deberá responder sobre su nivel de conocimiento de los negocios del hombre con el que duerme.

Dos que duermen en el mismo colchón, se vuelven de la misma condición es una sentencia del refranero español que puede tener excepciones, aunque sean las que confirmen la regla. ¿Será el caso de la infanta? ¿Será posible que la duquesa de Palma ignorara qué se dedicaba el duque de Palma? ¿Conoce usted algún caso en el que uno de los cónyuges haga manejos a escondidas de su pareja? Si la respuesta es , ¿es que acaso conoce usted a los duques de Palma? Si la respuesta vuelve a ser , ¿os lo creéis, alteza? O, ¿debo decir majestad?

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero