Menú Portada
https://track.adform.net/C/?bn=17156992 1x1 pixel counter :
Otras opiniones

Y si Bretón sale absuelto, ¿de quién será la culpa?

Julio 8, 2013

El juicio contra José Bretón ha terminado y en los próximos días tendremos un veredicto emitido por el jurado popular. Le confieso que deseo, que anhelo con todas mis fuerzas que sea condenatorio y, con casi absoluta rotundidad, así será. Tengo el absoluto convencimiento de que es culpable. Es mi yo subjetivo el que habla. Un tipo capaz de no sentir empatía, un individuo que actúa con semejante parsimonia buscando a sus hijos, con esa mirada de psicópata, que sonríe en el la sala cuando las cosas les son favorables, que ha mentido como un bellaco, merece pasarse toda la vida en la cárcel.

Mi yo racional protesta cuando digo estas cosas y me recuerda que en nuestro ordenamiento jurídico es imposible condenar a un acusado por sus mentiras, que las mirada de loco, sus sonrisas, los gestos, el comportamiento deshumanizado del acusado no prueba que mató a sus dos hijos. Que si José Bretón hablaba de sus escarceos con alguna prostituta mientras que los pequeños estaban desaparecidos es para darle de guantazos e insultarle hasta quedar ronco, pero no demuestra que sea un asesino.

Los responsables

Si fuera absuelto, ¿de quién sería la culpa? ¿Se lo ha planteado usted? Tengo mi opinión al respecto, falible, pero mía. El juez Rodríguez Lainz, con su medalla blanca de la policía al pecho, es el máximo responsable de la instrucción. Él era quien dirigía las pesquisas de la policía, él era el que autorizaba los permisos, el era el que daba vía libre a los investigadores. Esta eminencia del derecho fue a la que se le pasó por alto que el informe erróneo de la perito debería haber sido firmado por dos expertos. La Ley exige que en casos de penas superiores a los nueve años, las periciales deben contar con el apoyo de dos peritos. Pero a él o le dio lo mismo o no se dio cuenta o no lo sabía o… Un grave error en cualquier caso. Según dijo el propio magistrado en una conferencia, él es capaz de detectar a un drogadicto según entra por la puerta de su despacho por el brillo de sus ojos, su sonrisa socarrona y no se cuántas sandeces más, tiene ese don, pero no es capaz de ver que falta una firma.

Sin el error de la perito y la ceguera del juez estaríamos ante un caso que se habría resuelto rápidamente. Un juez que durante un interrogatorio a Rafael Bretón, en vez de sacarle datos e información con maestría y mano izquierda, se dedicó a explicar que él también es muy experto en nuevas tecnologías. No entraré en más detalles de la profesionalidad de este hombre, pero le garantizo que podría argumentarlos, uno por uno.

Examen psiquiátrico cada cuatro años

Hace unos días un gran amigo, periodista de los buenos, me dijo que ,si el futuro de muchas personas está en manos de los jueces, sería necesario que cada cuatro años pasaran una revisión psiquiátrica. Estoy completamente de acuerdo. Es una cuestión estadística. En todas las profesiones y estratos sociales hay gente que pierde la cordura, en la mía, el periodismo, también. Pero es que estos señores tienen en sus manos la libertad o la condena de miles de acusados. Debería existir una garantía de que están en su sano juicio. Y lo digo en general y sin querer faltar al respeto a nadie, porque de hecho en estos momentos el que se me viene a la cabeza es otro que acaba de decidir sobreseer la imputación de un acusado de abusos de un a niña de tres años sin haber investigado lo suficiente, pero eso se lo contaré otro día. A lo que iba, que igual que los conductores pasamos un test psicotécnico para poder seguir usando el vehículo, sus señoría deberían pasar la ITV.

Una abogada muy floja

Tengo que hablarle también de María del Reposo Carrero, la abogada de la acusación particular. Seguro (bueno, no se) que en su intimidad es una maravillosa persona, pero, en mi opinión, su labor como abogada particular ha sido una lección de incompetencia que bordea el esperpento. Aseguró la letrada en su informe final que la principal prueba de cargo es José Bretón mismo. ¡¡Que sus palabras y su actitud lo delatan!! Al oírla casi se me cae la mandíbula al suelo. ¿No sabe esta señora que no se puede condenar a un imputado por sus mentiras? ¿No sabe que el acusado tiene derecho a no decir verdad? ¿No conoce los casos en los que se ha condenado al reo por sus contradicciones y luego han sido anulados? ¿Se le ha olvidado todo lo que estudió en la carrera?

No contenta con semejante argumento, la perspicaz letrada, para acreditarse ante el jurado popular, afirma con todo el desparpajo del mundo que los abogados cuando son de la defensa suelen aportar pruebas, pero que en este juicio no lo han hecho, y que Sánchez de Puerta, la defensa, no ha desmentido los datos que ella ha hecho patentes. ¡¡Sería de broma si el caso no fuese extremadamente grave!! Las defensas no deben probar la inocencia de su cliente. Eso se conoce en derecho como “probatio diabólica”. Son las acusaciones las que deben destrozar con pruebas la presunción de inocencia y no a la inversa.

Más allá de eso la afirmación es rigurosamente inexacta. Le pongo dos ejemplos. Uno el contra informe que desmontó el de Vicente Peris de Valencia. En este último se aseguraba que en función de las imágenes de una cámara de seguridad los niños no llegaron a la finca. Un perito de la defensa dinamitó las conclusiones. Para más Inri, el experto pagado por la acusación particular en materia de teléfonos y posicionamientos favoreció a la defensa. ¡¡Surrealista, pero cierto!!

Nadie reconoce un error

Podría enumerarle muchas más cosas de esta señora, pero no quiero que nadie piense que le tengo inquina personal. Es tan sólo una descripción objetiva, en mi opinión, de su trabajo. Me consta que ella piensa lo mismo de mi trabajo. A mí me da igual, y supongo que a ella, la mía también.

Volviendo al principio, si no hay condena, se señalará con el dedo hacia todos los sitios. La abogada culpará a la perito, ya lo ha argumentado en su informe final, que Josefina Lamas se alineó con la defensa, para a continuación afirmar que esta mujer garantiza la cadena de custodia. Pero, ¿sabe usted una cosa? Ni el juez instructor se apuntará a él mismo con el dedo ni tampoco María del Reposo lo hará. Ellos magníficos, los culpables serán siempre los demás. En este maldito país son pocos los estúpidos que reconocen sus errores y los asumen. Y cuando lo hacen los linchan. La mierda siempre huele en culo ajeno. ¿Tanto habría costado hacer las cosas bien? Con todo ello, lo que más me sorprende y me desespera que multitud de ciudadanos oigan y lean estas conclusiones día tras día en boca de algunas, pocas, personas y concluyan que estas personas defendemos a Bretón.

Nacho Abad