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A renglón seguido

Y la sangre, llegó al río

Diciembre 9, 2014

Con cierta frecuencia algunos padres de familia de la comunicación son proclives a atribuirse la paternidad de ciertas nomenclaturas, adjudicándose la autoría, o arrogando la patria potestad sobre términos ya circulantes, que, sin medir el posible alcance, les vienen de perlas para el joyero de su bisutería profesional, derivando, en ocasiones, en la efímera gloria de su  satinada creatividad.

Esta historia viene muy a cuento por el resultado de los acontecimientos del encuentro filántropo-cultural –más bien culturista- fomentado por dos grupos de pseudo-aficionados al balompié, que se concentraron en Madrid para limpiar, fijar, dar brillo y esplendor a las sinapsis de su insensatez, y provistos de su mejor descerebrado saber y entender que descansa en la plétora de su oploteca.

Si coincidimos en que se recoge lo que se siembra, cabría preguntarse, por qué no se retira del diccionario del mundo futbolístico, y no cabe ignorancia, términos como “hincha” (odio, encono, enemistad) o hooligan (gamberro), tan maridados con el espectáculo del fútbol. Quizá resulten más rotundas que acepciones como seguidores, aficionados o socios, y por eso hayan sido difundidas y toleradas por todos; pero visto que, sensu stricto, se ajustan a la talla de la realidad más homófoba confeccionando un traje de madera a la medida de la irracionalidad de algunos, cabría proponer su desaparición de tertulias deportivas.

Descerebradas catervas

El “ensangrentado” rio Manzanares ha ejercido de improvisado motel de carretera, dando cobijo, durante el tiempo que tarda en ser feliz un hombre, a Jimmy (Riazor Blues), una vez agasajado por los anfitriones del Frente –dos dedos- Atlético, quienes acudieron a recibirlos a brazo partido con “manos abiertas” a primera hora del día como precalentamiento previo al posterior  enfrentamiento  deportivo. El resultado de  esta  jornada de vil y cruento hermanamientos de ambas descerebradas catervas se saldó con el funesto marcador necrológico de “10” favorable al equipo de casa.

Como grupo de apoyo pro-coruñés para asaltar las posesiones de ultramar, en este caso de ultra-rio, de los colchoneros, se encontraba los “Bukaneros” (Rayo Vallecano). Para algunos forofos el carnaval del despropósito dura todo el año, puesto que van disfrazados de ciudadanos; pero son lobos nada solitarios con piel de oveja.

El papel de la Real Federación Española de Fútbol

A pesar de que la reacción de diversos estamentos vinculados con la prevención de estos hechos no se ha hecho esperar (Comisión Antiviolencia, Secretaría de Estado para el Deporte, Liga de Fútbol Profesional…), la primera reacción ha sido la de pasarse la pelota y echar balones fuera. Menos la i-Real Federación Española de Fútbol; que ni está, ni se le espera.

Propongo dos alternativas muy saludables para este tipo de colectivos de cara al futuro: 1).- Reunirlos en recintos habilitados para el combate en calidad del gladiadores para su autodestrucción; eso sí, pertrechados con abundante panoplia y con el auxilio del banquillo del equipo contrario. Todo esto escrutado por las fuerzas del orden para que no baje la “intensidad del juego”. 2).- Reclutarlos para las tropas españolas –se les llena la boca de bandera y signos paramilitares-, siendo enviados a los diferentes frentes más calientes y activos. En todos los casos ataviados con sus mejores galas multicolor, como agente motivador y enardecedor de sus pasiones, no vaya a decaer el furor y el ardor guerrero que corre por sus venas.

En tanto se buscan nuevos paños calientes que sustituyan a los puños ardientes, y para hacernos sentir más seguros los responsables de las atalayas del poder político-deportivo y policial, seguiremos escuchando la sempiterna frase tan tranquilizadora –vale tanto para un roto como para un descosido- de­­: “para que estos hechos no vuelvan a repetirse”. ¡Ya veremos!

Paco de Domingo