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A renglón seguido

Y en esto… llegó el Supremo

Julio 30, 2013

Existe una serie bien identificada de organismos, a los que acudimos en auxilio de lo que, entendemos, son nuestros derechos; bien porque han sido vulnerados, o no contemplados. Uno de aquéllos –ente judicial- ha protagonizado en los últimos días cierto revuelo entre los muchos pájaros –de más cuidado-, a través de las decisiones que no son del agrado de la galería; claro está, que depende del balcón político al que cada uno se asome.

El nomenclátor civil directo se denomina Tribunal Supremo, cuyas decisiones, a través de resoluciones, han dejado indiferentes desde el estupor a casi nadie; incluso a los propios interesados y afectados colaterales.

Por un lado, se archiva la causa seguida contra nuestro ex “pepiño”; sí, el de color Blanco, el que se reunía en las Estaciones de Servicio para favorecer el futuro de terceros de segunda fila, que se instalaron en primera línea de negocio.

Por otro, se rebaja la pena –¡qué lástima!- impuesta al ex-honorable, ex-ministro y ex-Presidente balear Jaime Matas por la compra de servicios periodísticos para su autocomplacencia. Nada más –ni nada menos-, ¡que de seis años, a nueve meses!; es decir, ha pasado de una situación embarazosa de “enchironamiento”, a todo un embarazo de júbilo.

¿Las exposiciones argumentadas del Supremo pasan algún tipo de control de calidad previo a ingerir la miga de sus decisiones? La de los afamados turroneros levantinos y de otros lugares sí, porque, entre otras cosas, la categoría de suprema viene dada por la utilización de almendra de primera ley, y no delictivo cacahuete de segunda en su producto final.

 

Todo en manos del Supremo

¿Para qué sirven las pesquisas policiales, investigaciones fiscales, y pruebas de las partes acusadoras?; ¿Para qué la instrucción judicial con la correspondiente resolución del órgano superior jerárquico?; ¿Para qué la escrupulosidad –se le supone- del  Ministerio Fiscal  a  la hora de valorar la relación entre el delito, con resultado de demostrado, y la petición de pena?

Por lo visto, la Justicia es ciega, porque recubre su mirada un adminículo que, en ocasiones, le impide ver la realidad de los hechos; pero se atisba, que la venda puede ser a veces traslúcida, con lo que la ecuanimidad inclinaría la balanza por espúrios intereses o favoritismos del lado de unos u otros, lo que sí constituiría un delito flagrante de suprema prevaricación; con una de cal y otra de arena para nivelar la servidumbre del cargo.

“La última”, que está siempre emparentada con la siguiente, ha sido el archivo de la causa abierta contra Yolanda Barcina (Presidenta de Navarra) por cohecho impropio, al cobrar dietas impropias por asistir a reuniones –incluso dos al día- del staff supremo de Caja Navarra.

Uno entiende, que la instrucción judicial funciona como un partido de baloncesto, en el que los llamados minutos basura serían todos menos los últimos segundos, dado lo apretado del marcador. Que la suprema instancia instruya toda la causa, y resuelva de forma directa. Al final el supremo tribunal decide el partido. “Pííí”.

 Paco de Domingo