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Otras opiniones

Y al final, son momentos lo que guardamos en nuestros corazones

Octubre 16, 2014

Él, mientras tanto se dejaba querer pero sin necesitarla. Y así vivían sus vidas como los carriles paralelos de una autopista, sin encontrarse. Sin tener por qué. Porque no siempre hay que juntarse para hablar de amor.


TIBURONES

Ella le miró con curiosidad e insistencia. Él se dio por aludido al fin, y decidió cruzar la sala colmada de gente hasta donde se encontraba ella. Insinuó algo y con facilidad entablaron conversación. Ella era buena interrogadora y, dada su belleza, resultaba sencillo centrar toda la atención en ella. Intercambiaron varias frases, más un leve flirteo que en una conversación. Pronto apareció otro interlocutor en escena, ávido de la atención de tan distinguida mujer. Pero este hombre se dejó seducir fácilmente, lo que no se escapó a los sentidos de él. Y ella, consciente que él se había dado cuenta de su estrategia, tuvo la gracia de cruzar un guiño mientras el nuevo participante se deshacía en explicaciones sobre su empresa.

LAZOS

La música invadía el espacio. Se escondía tras las cortinas y reaparecía bajo las patas de las sillas. Danzaban discretamente al son del ritmo, todos en ordenada fila, cautos de no dañar los cánones del provocativo baile. Octogenaria, llevado con aristocracia, se acercó a él para invitarle a la próxima milonga. Con marcado acento argentino le dijo: – Te mando un correo con la convocatoria -. Él, galante, respondió asertivamente, – Lo que usted guste, madam -. Y sellaron un vínculo, con la complicidad que da la diferencia de edad.

Mientras él sigue esperando el mail, aún le sorprende que maneje internet una mujer de tan avanzada edad.

DE SÚBITO

Se hizo un instante de silencio. Callaron ambos y se observaron. Luego una sonrisa cerró su amistad. Se habían confesado mutuamente, sin premeditación. De forma natural, cómo hacen los niños. Pero no fueron conscientes en ese momento. Al día siguiente, con la resaca que deja el networking, se cruzaron correos. El primero le dijo que esperaba que hubiera sido provechosa la jornada. A lo que respondió el segundo que resultó excelente: había hecho un amigo. El primero no pudo más que emocionarse. En ese instante se dio cuenta. La amistad es caprichosa. Surge de la forma más espontánea, como si apareciera un ciruelo en la puerta de tu casa.

Lo que sigue es conservarla. Habrá que poner la puerta en otro lugar.

 
REPOSO

El córner deslumbraba con su neón azul. Una vez llegado allí, el interior de local resultaba aún más irresistible. Toda la barra del pub estaba iluminada con una luz añil helada, electrizante, seductora. Una esbelta mujer se giró hacia un reservado joven que caminaba detrás de ella y le invitó a entrar con la mirada. Ambos desaparecieron tras las puertas abiertas. Otra pareja también resultó engullida después de ellos. El lugar recogía lo más selecto de la zona. El secreto escondía lo más oscuro. Enfrente, en una discreta morada, alguien observaba este trasiego de personas y agradecía estar de este lado del cristal.

 A veces, estar en el lugar adecuado es la mejor decisión.

 
SUTIL

Ella continuaba sus estudios sin dejar de amarle. Y aunque son dos cosas que no tienen correlación aparente, tampoco la necesitan. Él, mientras tanto se dejaba querer pero sin necesitarla. Y así vivían sus vidas como los carriles paralelos de una autopista, sin encontrarse. Sin tener por qué. Porque no siempre hay que juntarse para hablar de amor. El espacio entre ambos es tan romántico como el beso que no se da. Y al final, son momentos lo que guardamos en nuestros corazones.

© Javier González Cantarell