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Los puntos cardinales

Washington y Jerusalén, pendientes de las peleas institucionales del “barbas” Mursi

Julio 10, 2012

Las miradas del mundo se posan sobre él, en especial las de Estados Unidos y sus vecinos de Israel. Mohamed Mursi es el nuevo jefe de un Estado por reconstruir tras el derrocamiento del régimen de Hosni Mubarak.  Los Hermanos Musulmanes estaban proscritos y ahora su líder asume la responsabilidad de tomar las riendas de la primera nación árabe. Pero para que el trabajo siga su curso, este político cuya estirpe procede de Murcia, -los Al Mursi-, y que se formó en la Universidad del Sur de California, tiene que hacer frente a una serie de complejos desafíos.

Mohamed Mursi representa el poder civil frente a una Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que en la práctica ha sido el epicentro de la toma de decisiones desde la era Mubarak. El presidente mantiene una relación correcta con el máximo responsable de los ejércitos, el mariscal Mohamed Hussein Tantawi, y hasta ahora han guardado en público unas formas de protocolo tranquilizadoras y casi impecables. Pero Mursi es un presidente con las alas cortadas mientras no asuma las competencias en defensa y política exterior, que en la práctica son los cimientos de todo sistema presidencialista.

Una decisión más sentimental que legal

Es imprescindible el equilibrio de poderes en la relación con los uniformados, con los que hace sólo unas horas ha tenido un primer enfrentamiento institucional. El nuevo presidente anulaba la disolución del Parlamento y la Corte Constitucional le echaba en cara que fuese una decisión adoptada más con el corazón que reflexionada con la ley en la mano.

El Jefe del Estado egipcio es consciente de que la pertenencia a los Hermanos Musulmanes le estigmatiza, por lo que deberá tender la mano a cada uno de sus compatriotas y ofrecer a la comunidad de los cristianos coptos la relevancia social y política que por derecho les corresponde, y que en la nueva estructura podría traducirse en el nombramiento de un primer ministro elegido entre los suyos.

Obama y los estereotipos del Islam

Como apuntábamos, a Mohamed Mursi se le escruta desde Washington, pero con una buena sintonía. Casi nada más celebrarse las elecciones, la administración Obama mantuvo sus primeras tomas de contacto que se han sucedido sin interrupción y que han servido para preparar el viaje que en breve la propia Hillary Clinton realizará a El Cairo.

La vinculación de Barack Obama con la capital egipcia es muy especial y ha dejado huella desde que el 4 de Junio de 2009 se dirigiese a todos los musulmanes del mundo desde la Universidad de Al Azhar, uno de los grandes centros del saber del Islam. En su intervención, el presidente norteamericano señaló que había ido a la capital egipcia “a buscar un nuevo comienzo para Estados Unidos y musulmanes alrededor del mundo, que se base en intereses mutuos y en el respeto mutuo”. Obama subrayaba que era parte de su responsabilidad como presidente de Estados Unidos “luchar contra los estereotipos negativos del Islam dondequiera que surjan”.

El “romance” de Mursi y la Casa Blanca

Mohamed Mursi lo sabe, como sabe que la Casa Blanca es un generoso contribuyente. Al otro lado del Sinaí, el gobierno de Israel observa cauteloso aunque convencido de que el nuevo presidente egipcio no se atreverá a modificar ni una coma el acuerdo que ambos países alcanzaron en Camp David. Para Israel, además, la influencia del ejército en Egipto es un factor de garantía de estabilidad.

En el plano religioso, habrá que prestar mucha atención a la política que el nuevo Ejecutivo egipcio ponga en marcha con Irán, la primera potencia chiíta y una pieza clave en la estabilidad de la parte del mapa tan volátil que se extiende desde la margen oriental del Nilo.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.