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Mensaje en una botella

Volver a ser un niño

Septiembre 10, 2014

Aquella mañana era diferente. Aquella mañana empezaba el curso. Y volver a clase era volver a empezar. El olor de los lapiceros, de las gomas de borrar, de los cuadernos y de los libros era olor a nuevo. Como si la vida me diera otra oportunidad y la situara frente a mis ojos para que supiera apreciarla. La vida estaba brindándome una nueva ocasión, un nuevo año para disfrutar de la que sería la mejor época de mi vida. Pero, ¿sería capaz de darme cuenta?

El sol de septiembre llenaba de luz las calles, que habían recobrado el bullicio de los días en los que hay clase. El aire de la mañana mecía las hojas de los árboles como el tiempo mece los recuerdos. Me dejaba llevar por el Destino, que podía estar esperándome en cualquier esquina y en cualquier momento. Un escalofrío recorrió mi espalda sólo con pensarlo.

Caminaba a paso lento pero seguro, pausado pero ilusionado. Porque, pese a llevar varios días despotricando contra la vuelta a clase, eso es lo que decía en voz alta. Dentro de mí, en lo más profundo de mi corazón, algo me decía que debía disfrutar de esos momentos como si fueran un recuerdo imborrable al que algún día me aferraría para mantener intactas las ganas de vivir. No alcanzaba a comprenderlo bien, pero me propuse tener presente ese pensamiento de vez en cuando.

Los Reyes Magos

¿Cómo serían las terribles preocupaciones que me acechaban en el nuevo curso? ¿Sería capaz de sortear con bien todos los exámenes? ¿Lograría convertirme en alguien digno de la confianza de mis amigos? ¿Conseguiría que me hiciera caso la compañera de clase que me gustaba y que aparentemente pasaba de mí? ¿Tendría tiempo para todo o me vería obligado a aplazar mis compromisos?

Por no hablar de mi vida privada. ¿Conseguiría reunir dinero suficiente para los gastos que tenía planeado hacer? ¿Lograría que los Reyes Magos se ocuparan de traerme un par de regalos que necesitaba urgentemente? Eran tantas las preocupaciones y tan poco el tiempo… No daba abasto. No sabía qué iba a ser de mí. Había noches en las que me dormía agotado. Había mañanas en las que me costaba ponerme en pie al pensar en todas las responsabilidades que pesaban sobre mis hombros.

Aquella mañana me sentía tan importante que no llegué a comprender que lo que parecían responsabilidades, se convertiría pronto en juegos de niños. Tan pronto que, cuando ocurrió, aún permanecían en mi recuerdo los momentos que había vivido durante la infancia. Tan pronto que, a pesar de la rapidez con la que había sucedido, ya era demasiado tarde para volver atrás.

Aquella mañana era diferente. Aquella mañana es hoy, cuando deseo con todas mis fuerzas volver a ser lo único que nunca he querido dejar de ser. Cuánto daría por tener otra vez la oportunidad de vivirlo, de experimentarlo y de sentirlo como si estuviera ocurriendo en este preciso instante. Cómo me gustaría volver a ser un niño.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero