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Los puntos cardinales

Vladimir Putin saca del armario la gabardina del KGB

Junio 12, 2012

Conocíamos ya sus maneras de ex espía del Telón de Acero. Frío, calculador, inalterable en sus decisiones, Vladimir Putin ha representado a lo largo de sus años tanto en la Jefatura del Estado como en la presidencia del Gobierno esa imagen de alguien que procede de otro tiempo. Sin embargo, desde que volviese a vencer el 4 de Marzo, parece haberse quitado la molesta careta de aparente moderación con la que tan incómodo se sentía.

Incapaz de vivir en una paranoia diaria que le hace ver enemigos a la vuelta de cualquier esquina, Vladimir ordenó el lunes a sus fuerzas de seguridad llevar a cabo minuciosos registros en los domicilios de destacados opositores. Los sabuesos se emplearon con mayor denuedo en la vivienda del bloguero Alexei Navalny, hasta el punto de que discos repletos de fotos infantiles familiares acabaron también en el paquete de lo incautado. Navalny ya había dado que hablar por sus denuncias de fraude en el proceso electoral del pasado mes de diciembre, a resultas del cual Dimitri Medvedev lograría convertirse en primer ministro. Las acusaciones de este disidente no se basan tanto en nombres propios como en el partido Rusia Unida en su conjunto.

Multas frente al derecho libre de reunión

La chispa que ha acabado por encender la protesta ciudadana a gran escala ha sido la medida adoptada el viernes pasado, que castiga con el pago de elevadas sumas de dinero la alteración del orden público en las calles. En la práctica supone un saco enorme en el que tiene cabida cualquier movilización, pese a que los asesores constitucionales del Kremlin han advertido de que las multas chocan frontalmente con el derecho de libre reunión.

Los tiempos han cambiado y la oposición ya no se hace en húmedos apartamentos, entre susurros envueltos en humo y aroma de vodka, a la espera de que una pareja agentes del KGB disolviesen la velada. Ahora, la Rusia capitalista del siglo XXI no es ajena a las nuevas tecnologías y cada casa puede ser una célula de disidencia. Y ese puede ser el motivo por el que el hasta ahora metódico Putin haya errado la táctica en esta ocasión. Al poner en marcha una maquinaria represora tan desproporcionada, el presidente ruso ha amplificado el efecto y los mensajes de sus detractores, que han logrado un impacto mucho mayor del que inicialmente hubiesen podido prever. La estrategia de la oposición, por tanto, da sus primeros pasos. Como diría un experto en marketing, se trata de lograr notoriedad, es decir, repercusión.

Una vez conseguido que toda Rusia y los países de Occidente se hayan hecho eco del clamor de la calle, habrá que diseñar mensajes coherentes. Y esa es la parte más complicada de la difícil empresa que tienen los opositores ante sí. Son muchos, son débiles, ideológicamente muy fragmentados y necesitan de apoyo exterior. A finales de 2011, Vladimir Putin acusó directamente al departamento de Estado norteamericano de financiar a los líderes de las protestas. Lo que haga Washington a partir de este momento dependerá del nivel de represión que ponga en práctica el hombre de la gabardina.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.