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Mensaje en una botella

¿Vivimos en un país normal de gente normal?

Mayo 3, 2012

“Ya verás mañana, cuando la gente vuelva al trabajo”. Quien así se expresaba era la camarera de uno de los pocos bares de mi barrio que permanecían abiertos este miércoles 2 de mayo, día festivo en la Comunidad de Madrid. Sí. Ha leído usted bien. El día de la vuelta al trabajo al que se refería la camarera era el jueves. El puente del Primero de Mayo se había engullido en Madrid los tres primeros días laborables de la semana. Es decir, el 60 por ciento del tiempo laborable.

La presidenta Esperanza Aguirre ensalzaba este miércoles las ansias de libertad de los madrileños que se levantaron en armas contra los franceses aquel 2 de mayo de 1808, levantamiento sangrientamente reprimido por los invasores pero que fue precursor de la Guerra de la Independencia española. La camarera del bar de mi barrio anunciaba este miércoles que un día después se levantaría en armas contra el sueño para volver a trabajar al ritmo acostumbrado, una vez que la gente volviera al trabajo y el local recobrara su clientela habitual. O sea, una jornada laboral normal en un país normal, como gusta decir al presidente Mariano Rajoy.

El jefe del Gobierno no sólo concede al adjetivo normal el significado que le atribuye el Diccionario de la Real Academia, que en su primera acepción lo define como aquéllo “que se halla en su estado natural”. Rajoy le confiere un significado positivo. Viene a decir el presidente que lo normal es lo correcto, lo sensato y lo mejor. Y yo me pregunto: ¿es normal que la capital de un país normal permanezca paralizada desde la tarde del viernes hasta la mañana del jueves de la semana siguiente? No me responda ahora: hágalo después de leer el artículo completo, por favor.

El año que viene se acabarán los puentes

No pretendo ser exagerado, aunque el hecho de ser andaluz juegue en mi contra a causa de la consabida generalización que concluye que los andaluces siempre exageran. Así que no exagero al afirmar que conozco a varios habitantes de Madrid que se han visto obligados a retrasar sus gestiones pendientes hasta el jueves de esta semana: les ha sido imposible resolverlas de lunes a miércoles. Pongo el ejemplo de Madrid porque es mi lugar de residencia y porque me resulta especialmente llamativo que la capital de una nación sea presa de semejante parálisis. Pongo este ejemplo, pero sé que esto ocurre en España por doquier. Es lo normal. ¿Debería ser esto lo normal en un país normal?

Hasta los sindicalistas han actuado este año llevados por el puente sobre aguas turbulentas que atravesaba esta semana de marras. UGT y CC OO han convocado una manifestación el domingo previo al Día del Trabajo para asegurarse de que habría asistentes. Los sindicatos temían que el martes día 1 hubiera más sindicalistas de puente que sindicalistas manifestantes en el Primero de Mayo.

El Gobierno ha anunciado que el año que viene se acabarán los puentes y, a fin de que la venda esté dispuesta antes de que sangre la herida, ha previsto pasar al lunes cualquier festivo que caiga entre semana. De esta forma, evitará que algunas semanas se conviertan en puentes o incluso en acueductos. ¿Hace falta recordar que en diciembre pasado se celebró el Día de la Constitución un martes y el día de la Inmaculada el jueves de la misma semana, provocando una parálisis nacional que en algunos casos resultó aberrante?

El presidente Rajoy quiere un país normal de gente normal. Yo también. Empezando por nuestros gobernantes nacionales, autonómicos, provinciales y locales. Que se les vea trabajar, incluso en días de puente. Que sea lo normal. Es que debería ser lo normal. En un país normal, por supuesto.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero