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Mensaje en una botella

Viviendo deprisa

Noviembre 15, 2012

Tenemos prisa. Con todo. Para todo. No podemos esperar porque hay cosas que no pueden esperar. Son tiempos de rapidez en la respuesta, de reacciones inmediatas y de soluciones fulminantes. No hay tiempo para meditar, para sopesar y para examinar varios puntos de vista. La vida requiere que nuestra velocidad alcance límites que parecían vedados. Si no te das prisa, parecerás ese automovilista que circula a una velocidad desesperantemente lenta. Si no te das prisa, serás como un conductor que va pisando huevos.

Las decisiones empresariales han de tomarse con rapidez para tratar de conseguir el efecto sorpresa y descolocar a la competencia. Cuanto más veloz sea la aplicación de la decisión, más probabilidades de éxito tendrá la estrategia. El factor sorpresa añade un plus que permite llevar la delantera y lograr el éxito antes de que lo consiga otro. Si eres rápido, te atribuyes el éxito de haber sido pionero. Si eres lento, corres el riesgo de ir a rebufo de otro y serás acusado de haberlo copiado.

Las decisiones personales han de ser rápidas para impedir que los demás sospechen que eres un pusilánime y que eres incapaz de dirigir el rumbo de tu vida. No puedes titubear. Si reaccionas con lentitud, nadie te considerará un valiente y todos te colgarán la medalla de cobarde. Ser lento en la toma de decisiones provocará que seas desplazado al pelotón de los torpes. Inexorablemente. Deshonrosamente. 

En erupción 

En cuanto a tus sentimientos, sólo te tomarán en serio si eres capaz de mostrarlos a la velocidad del rayo. No hay tiempo que perder. Si tardas en hacer que afloren, serás tachado de insensible. No tendrás nada que hacer. Serás condenado a galeras y remarás eternamente a una velocidad que recuerde la lentitud con la que fatalmente expresaste tus sentimientos.

Pero lo peor está en el terreno amoroso. Si no te muestras rápido, estás perdido. Si eres lento, estás acabado. Sólo cabe una forma de actuar: hacer que tus sentimientos entren en erupción. De esa manera te granjearás la admiración de la persona amada, que deseará quedarse a las faldas del volcán para sentir el calor de la lava de tu amor. Ni se te ocurra ir paso a paso porque dará la impresión de que vas con pies de plomo y serás considerado un ser frío e indiferente.

Si no vives deprisa, es como si estuvieras muerto. Da igual que corras el peligro de fracasar y acabar plantándote. Da igual que recuerdes la letra de aquella canción: “Ya me cansé de vivir improvisando para ti. Ya me cansé de seguirte. Yo me quedo aquí. He malgastado mis fuerzas viviendo deprisa. Ya no doy más. No me esperes. Yo me quedo aquí”. En 1991, cuando Alejandro Sanz escribió esta letra, la vida no iba a la velocidad a la que ahora va. Ahora sólo parece haber un camino para seguir viviendo: seguir viviendo deprisa.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero