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El mayordomo

¿Visten bien nuestros futbolistas?

Noviembre 14, 2010

Quien niegue el hecho de que con una cierta posición económica resulta más fácil vestir de manera elegante, seguramente o no admite la evidencia o conoce alguna de esas escasas tiendas donde vestirse no significa tener que invertir un auténtico dineral. 

Sin embargo, la mayoría de los mortales que han pasado a la historia por su elegancia o que hoy son un referente para las revistas de moda y se nos presentan como modelos a imitar, son caballeros que han contado con una más que desahogada posición económica. 

Si esto, por más que alguien se empeñe en negarlo, es una realidad, también lo es el hecho de que tener dinero no asegura vestir ni siquiera decentemente. No hay más que observar el atuendo de famosos actores, músicos, empresarios o periodistas para darse cuenta que el dinero no es suficiente para tener clase y estilo. 

De todos los sectores agraciados económicamente es seguramente el de los futbolistas donde más hostiles se presentan las relaciones entre el dinero, la clase y la elegancia. 

Si bien el objetivo de un futbolista es marcar goles y no tiene por qué ni pasear por la pasarela de moda de Paris ni ser un referente de cómo se debe vestir un traje cruzado o de cómo se tienen que mezclar los colores, resulta sorprenderte observar como casi todos ellos, sin necesidad de prestar atención al precio de su ropa, visten de manera francamente poco acertada. 

Aunque en la mayoría de los casos las marcas de moda más exclusivas del momento se disputan sus armarios, sus conjuntos carecen de refinamiento alguno y de no contar con esos enormes logos y marcas, sus prendas podrían pasar por unos vulgares pantalones rotos o en su caso por una mera camiseta desteñida. 

Enormes hebillas con las iniciales de alguna marca italiana, camisetas de diseño, vaqueros agujereados o zapatillas que no dejan lugar a dudas sobre quién las ha fabricado, son sus compañeros del día a día. 

La cosa toma un cariz más que preocupante cuando vemos que ese conjunto que radia “elegancia” por los cuatro costados se viste independientemente sea mañana, tarde o noche. Igualmente, da igual que se acuda a un acto formal o a un entrenamiento rutinario ya que, a tenor de lo que nos muestran, parece que no hay prenda mejor que vestir que unos vaqueros; sea cual sea el acto al que se asista o de las personas que con las que se vaya a compartir tiempo y espacio. 

Veamos unos ejemplos bastante clarificadores. El portero de la selección española de futbol y del Real Madrid, Iker Casillas, todo un héroe y un espejo donde muchos chavales se miran, se presentó a recoger el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, acto de marcado carácter formal, con un traje gris. Como ya se ha apuntado en esta columna los trajes grises solo son aptos para acontecimientos que se celebren antes de las seis de la tarde y que no sean considerados como formales. Si tenemos en cuenta que los premios los entregaría en persona el Príncipe de Asturias parece quedar claro que el carácter formal del acto no dejaba lugar a dudas. 

Un club con tanta historia debe cuidar la imagen que sus jugadores transmiten al exterior; al fin y al cabo además de la imagen personal de Iker Casillas está en juego la del que para muchos es el club con más solera del mundo. 

Cristiano Ronaldo quien con motivo de su veinticinco cumpleaños fue felicitado personalmente por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, posó frente a las cámaras con vaqueros, de marca por supuesto, pero también inapropiados si consideramos que tanto su presidente Florentino Pérez como Esperanza Aguirre vestían para la ocasión ambos de manera formal. 

Es importante recordar que un caballero se debe vestir tanto para él como para el resto de los caballeros y señoras con las que va a compartir su tiempo. Por más cómodo que se esté con zapatillas y vaqueros si con quien nos vamos a reunir se ha tomado la molestia de vestir de forma cuidada, por unas horas olvidaremos las preferencias personales y nos vestiremos acorde a nuestra compañía. 

Dice un dicho popular que según son los padres son los hijos. Quizás esto explique el porqué el presidente del Sevilla fútbol Club, José María del Nido, no se desprendió de su sombrero en el palco de la final de la Copa del Rey ni siquiera a la hora de dirigirse al Príncipe Felipe

Si bien somos férreos defensores de la vestimenta del sombrero ya que además de protegernos frente al clima aporta una gran elegancia, también somos de la opinión de que resulta vital saber cuándo y cómo se debe vestir. 

Por ello, es importante recordar que nunca un sombrero se puede llevar puesto en presencia de alguien con un estatus superior al nuestro. Sólo cuando nos hemos descubierto frente a ese caballero de mayor “rango” y éste nos ha indicado que nuevamente podemos cubrirnos nos dejaremos el sombrero puesto. Sin embargo, si tenemos en cuenta que nadie en el palco esa noche vestía sombrero, no hubiera estado de más que el Sr. Del Nido hubiera permanecido descubierto los noventa minutos de partido. Y si tanto frío hacía que le era imposible desproveerse de él debería habérselo quitado como mínimo cuando se dirigió a Su Alteza Real

Aunque las comparaciones resulten odiosas, la gran mayoría de los toreros tampoco provienen de ambientes donde la literatura de Dostoievski haya sido la protagonista de las veladas familiares de la tarde y sin embargo saben perfectamente distinguir cuando se puede vestir unos vaqueros y cuando hay que hacerlo con corbata. 

Si bien como dice otro dicho popular no se le puede pedir peras al olmo, la posición tan desahogada de los futbolistas les debería al menos motivar para intentar empaparse de todo aquello que en sus hogares originarios les estaba fuera de su alcance….y no solo en cuanto a bienes materiales se refiere. 

Y si la corteza de nuestro olmo es tan impenetrable como demuestran los hechos debería ser el jardinero quien se encargara de revertir esta situación. Por ello, los presidentes de los clubs de futbol encabezados por el Sr. Florentino y el Sr. Rosell, deberían ser conscientes que la imagen de sus futbolistas es en definitiva la imagen de su Club y que si sus jugadores no conocen las reglas más básicas de protocolo deberán ser ellos quienes se encarguen de que al menos no se las salten tan a la ligera. 

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com