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Otras opiniones

Villalonga, la oscuridad del aznarismo, rico y sin novia

Septiembre 3, 2009

En días pasados se anunciaba que el “hombre de Cro” era abandonado por la siempre bella, inquietante y arpía Adriana Abascal que pasó por el tálamo del inolvidable Emilio Azkárraga (El Tigre), para luego ir a posarse en la oronda barriga del “amiguísimo” del colegio El Pilar que se gastó lo que no era suyo en encandilar a la ex modelo mexicana.
Era de esperar. Juan Villalonga Navarro (Madrid 1953), representa lo peor del aznarismo desde todos los puntos de vista. Dejó Telefonica como un erial después de llenarse los bolsillos y los de sus amigotes (¿hace falta decir nombres?) e incluso pagó generosamente (con dinero que no era suyo) a algún “celestino” que le ayudó en su aproximación a la Abascal. Se libró de la cárcel gracias a un acuerdo (además de los más de 3.000 millones de las antiguas pesetas que trincó) para su salida y porque el que todavía era su amigo, Aznar, pidió que así fuera.
¡Una vergüenza olímpica! ¡Un caso para la historia!
 

Engaño tras engaño

Tras su “exilio” americano -incluso pudo lograr el favor de la revista HOLA cuando se desposó con la ambiciosa mata hari mexicana-, se instaló en Londres (un lujoso palace en Kesington) al objeto de recuperar el favor de sus antiguos protectores. En vano. Sólo pudo engañar a Juan Soler, el dueño del Valencia CF que le tuvo que pagar la friolera de 10 millones de euros por 16 días mareando la perdiz.
Una vez le pregunta, mirándole a los ojos, a José María Aznar si estaba orgulloso de haber llevado a su amiguísimo (antes) al poder económico. Me negó la mayor para luego hacer un rictus de desprecio. Al fin y al cabo, pasados los años los dos son ricos.
 

Más sólo que la una

 
Cuando Villalonga “enamoró” a Adriana -es un decir- adelgazó 20 kilos porque la modelo mexicana exigía tipito y formas. Lo grave no es eso, sino que de donde tenía que adelgazar era de la cartera que hurtó a los esforzados accionistas de la operadora telefónica. César Alierta puede dar fe de lo mucho que le ha costado llenar los agujeros que se encontró en la compañía cuando entró en ella.

Uno de los socios internacionales de Villalonga, Bernard Ebbers (WorldCom) paga con 25 años de cárcel sus engaños. USA es un país serio; aquí, en cambio, don Juanito alardea de su dinero y hace ejercicios constantes de prepotencia. Incluso ha tenido el descaro y la sinvergonzonería de intentar presentarse a la presidencia del Real Madrid.

Ahora, supermillonario y sólo, deambula de salón en salón en busca de alguien que lo salude. Nunca un hombre debió tanto a los millones de votantes y militantes que hicieron posible en su día (1996-2004) el ascenso de un tal Aznar López al poder de España.
Y nunca nadie pudo tener que sentir tanta vergüenza ante tanto descaro y engaño.
 

Graciano Palomo es periodista y analista político