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¡Qué fuerte!

Vida o muerte, pero digna, para Andrea

Octubre 2, 2015

Dios te da la vida y Dios te la quita pero la verdad es que, en algunos casos, es cuestionable esta creencia. Es de humanos luchar contra las enfermedades y la muerte pero, ¿y si se está muerto en vida?, ¿y si no se tiene una vida digna?, ¿y si la enfermedad es tan dolorosa qué prefieres morir a sufrir tanto? En definitiva, una vez más volvemos al eterno debate de eutanasia sí o no. Ahora le toca a Andrea, una pequeña  de 12 años que padece una enfermedad rara y degenerativa que la tiene ingresada en el Hospital Clínico de Santiago sufriendo grandes dolores.

Sus padres están desesperados al verla sufrir y quieren acabar con ese dolor en su hija cuanto antes y, cuando la medicina no aporta soluciones, la única manera de acabar con eso es dejarla morir, quitarle todo a lo que Andrea está conectada y dejarla ir tranquila. Pero no quieren ir dejándola apagarse mientras sufre, sino que quieren que sea rápido y cuanto antes para evitar ese sufrimiento. La madre, que ha sido las manos y los pies de su hija durante toda su vida, sabe que Andrea ya no puede más. Sabe que su cuerpo ya no aguanta más, por eso quiere que su hija acabe de una vez con este sufrimiento.

Aliviar no matar

Sinceramente, no creo que esto sea matar sino todo lo contrario; es aliviar, ayudar y evitar un sufrimiento innecesario que va a llevar inevitablemente a un final esperado, tarde o temprano. Si está claro ese final, será mejor que sea cuanto antes para evitar el sufrimiento. ¿Por qué esperar a que sea el propio cuerpo el que diga adiós? Si ese cuerpo ya no vale, ya no sirve y ya quiere descansar, ¿por qué mantenerlo enchufado a máquinas? La ética y la moral es cuestionable porque, ¿quién decide lo que es ético y moral? Entiendo a esos padres que ya no soportan ver más sufrir a su hija cuando saben que, de cualquier manera, su final es la muerte. Sólo quieren evitar la agonía de ese chiquilla que todavía está consciente, todavía los reconoce pero a la que le queda poca vida y la poca que le queda está llena de dolor. No se puede juzgar porque no se está en la piel y no se ha vivido ese sufrimiento, que debe ser enorme para llevar a esos padres a preferir ver a su niña muerta.

Los padres rabian desesperados porque nadie la quiere desconectar. La ley no está hecha para matar en estos casos y tampoco la ética de quién se hace medico con la firme voluntad y vocación de salvar vidas en vez de quitarlas. Peliagudo asunto. Una parte del hospital de acuerdo con los padres y el departamento encargado de Andrea en contra. En medio, la pobre niña que tiene los días contados ya que su situación es terminal y, mientras los adultos discuten por su vida o su muerte, ella se muere de dolor, un dolor que no acaba de matarla. Dolor y sufrimiento, sólo quién sabe lo que es puede entender a esta cría y a sus padres.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com