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Otras opiniones

Víctor López de la Fuente, pintor y escultor: un valor seguro

Abril 2, 2014

¿Cuál es la clave del éxito de un pintor y escultor como Víctor López de la Fuente?   Creo que las circunstancias externas – tener un buen marchante, recibir críticas elogiosas, publicidad abundante en los medios… – pueden ser necesarias, pero no suficientes. A lo más que puede llegar un pintor si cuenta con esas circunstancias es a ponerse de moda. Volviendo a la célebre frase de Ortega– “Yo soy yo y mi circunstancia-, prefiero centrarme en el yo. Pienso que, en las artes de superficie, que son la Pintura y la Escultura, lo importante no es centrarnos en lo que el pintor quiere expresar en sus obras, sino en cómo representa el mundo y, sobre todo, en qué apelaciones dirige a quienes contemplan sus obras y, si llega el caso, deciden adquirirlas.

Por tanto, no me voy a centrar en el yo del pintor y escultor Víctor López de la Fuente que se expresa a través de sus obras. Voy a hacerlo en las llamadas, en las apelaciones que Víctor hace a los públicos interesados en el Arte.
 
Para entender el yo de los receptores de sus obras, creo que es muy profundo y, además, útil, el Análisis Transaccional, de Eric Berne. Éste mostró que, en cualquier momento, cada individuo muestra un determinado estado del yo, ya sea padre, adulto o niño. Además, cada individuo tendrá unas características particulares que influirán en la rapidez o lentitud del cambio. Es decir, una persona pasará de sentir, hablar y actuar como niño a mostrar, en cuestión de segundos, pautas de padre o adulto. Y viceversa.
 
Víctor López de la Fuente o la apelación al imparable deseo de innovar
 
Tomemos el cuadro “Deus ex machina. Un huevo contiene cosas que no se ajustan a lo que esperamos. En primer término, vemos a un hombre o a una mujer, una máquina mucho más grande y un corazón unido a la máquina y con una llave que parece servir para darle cuerda y que siga funcionando. Ahora bien, el corazón que es sustentado por la máquina, a la vez sustenta un árbol y éste, una jaula.
 
¿En qué consiste la apelación, la llamada que el cuadro nos hace? En el Estado del yo, llamado Padre, están almacenadas las «cintas» que quedaron grabadas en el cerebro y que contienen lo que un niño o una niña reales vio, oyó, entendió…. en forma de órdenes, ejemplos, consejos, prohibiciones, etc. Está claro que Víctor no ha querido representar un huevo o un corazón como si estuviera siguiendo una orden o un consejo. Si quien observa el cuadro responde que «es un dislate, una tontería, etc.», esto quiere decir que rechaza la apelación, la llamada y que quien toma el poder ejecutivo del yo es el padre, dominando al adulto y al niño.
 
Si quien está ante el cuadro, se fija en los componentes mecánicos y biológicos que están presentes, entonces está respondiendo con su adulto. Alrededor del décimo mes de vida, el/la niño/a real se da cuenta de que puede moverse, manipular los objetos, los juguetes; los explora y explota. Advierte que él puede ser fuente de movimientos. Tiene diferentes alternativas y, por eso, esta en posición de elegir la respuesta más adecuada. No está ya únicamente a merced del ambiente que le rodea, sino que puede empezar a controlarlo. La mejor imagen del adulto es la de un computador, que procesa datos y decide si son aplicables al día de hoy las afirmaciones del padre, o si son apropiados los sentimientos del niño.
 
Es decir, el adulto puede no estar de acuerdo con los juicios del padre sobre el cuadro, pero también se da cuenta de que el cuadro no sirve para ilustrar una clase sobre el corazón, pájaros o árboles.
 
Entonces, nos queda el estado del yo niño. A la vez que el cerebro está grabando las «cintas» con los contenidos del padre, también graba las del niño, es decir, las respuestas a los comportamientos de padre. En el niño están las experiencias agradables de alegría, sorpresa, admiración, autodescubrimiento, descubrimiento de los demás y del mundo, espontaneidad, creatividad, deseo de conocer, de tocar, de experimentar, el encanto, el candor, la apertura, la disponibilidad, etc.. El niño sabe cómo pasarlo bien. Es la parte más grata de nuestra personalidad.
 
Deus ex machina apela al niño que quiere penetrar en lo que desconoce; este niño sabe ver, como ocurre con los inventores, las cosas más sabidas desde perspectivas nuevas; se da cuenta de que descubrir algo distinto es una experiencia que llena de energía a quien lo ha encontrado porque lo ha estado buscando.
 
Los cuadros de Víctor López de la Fuente atraen, desde hace más de diez años, a este niño espontáneo que cada persona llevamos dentro. El hecho de que públicos muy diversos se lleven sus cuadros y esculturas y tenga un gran éxito, sin reunir todas las circunstancias que aseguran el posicionamiento de un pintor y escultor como moda, quiere decir que sus obras son un valor seguro, perdurable. Y cuando hablo de valor seguro, es porque según Eric Berne, cada persona puede activar su niño espontáneo, creativo, en todas las etapas de su vida. Quien activa su niño siempre permanecerá joven, aunque sea centenario. Por eso, las obras de Víctor van a perdurar.
 
Víctor López de la Fuente expone en la Galería Alfama (Calle Serrano, 7, Madrid) del 27 de marzo al 30 de abril de 2014.

<strong>Felicísimo Valbuena