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Atando cabos

Veredicto anticipado

Febrero 26, 2012

De un tiempo a esta parte los juicios, las imputaciones, los procesamientos no lo dictan los Tribunales. O cuando estos lo hacen, el veredicto ya se ha producido hace tiempo. No importan tanto las pruebas como las presunciones. No importa tanto la decisión de un juez o de un tribunal como la opinión generalizada. La “opinión publica”, arrastrada por la “opinión publicada”, es la que quita o da razones, la que impone las “penas del telediario”, la que obliga al ostracismo más descarnado al protagonista del escándalo.

Cuando se extiende la idea de “este tío es un chorizo” ya da igual lo que diga la Justicia. No importan las pruebas reales que existan. Y por supuesto desaparece por completo la presunción de inocencia. Presunción ¿de qué? Por favor. Aquí lo que se aplica es aquello de “cuando el río suena…”

El Tribunal de la opinión pública y publicada no perdona

Generalmente ocurre en casos cuya dimensión política o social sobrepasa cualquier expectativa real de lo sucedido. Y ocurre, que cuando un condenado por la opinión publica o un castigado a la “pena del telediario“, finalmente es absuelto, da igual, la condena ya se ha producido. El Tribunal público, el de la opinión pública, no perdona. Y también ocurre en caso contrario, cuando la polémica va por barrios aunque el imputado sea condenado siempre será un héroe para un determinado sector. Ejemplos para todos los gustos que han sido portada informativa en los últimos meses: el caso Camps, el caso Garzón, el Gurtel, o el caso Urdangarin, por citar algunos.

Cuando el ex-presidente de la Generalitat valenciana salió absuelto por falta de pruebas de un delito de cohecho impropio, la Justicia dicto sentencia pero Camps ya había sido condenado. Condenado, apartado y manchada su trayectoria, al menos para parte de esa justicia distorsionada de la opinión pública y publicada. Cuando Garzón fue condenado por un delito de prevaricación, dictando resoluciones a sabiendas de que lo son, gran parte de la opinión pública ya había dictado sentencia a favor y en contra. Para unos seguirá siendo el único juez universal capaz de enfrentarse a lo que otros no se atreven. Para otros, desde hace tiempo, era un juez prevaricador y además mal instructor.

Por no hablar de los numerosos casos de supuesta corrupción política que vienen anticipados de rocambolescas operaciones policiales generalmente en época pre-electoral. Ha habido casos de detenidos delante de su familia, con un helicóptero rondándoles, enviados a comisaría, imputados por el juez, y días después, generalmente transcurridas las elecciones, puesto en libertad in cargo alguno. Esas personas, aunque inocentes, ya fueron condenadas con un veredicto anticipado e implacable.

Algo parecido ocurre con el caso Urdangarin. Los Tribunales son los que deben dictar sentencia, pero el veredicto ya está escrito. Aunque Iñaki Urdangarin sea absuelto o proclamado inocente, la condena ya la llevará consigo. Para la mayoría de la opinión pública es casi imposible que el yerno del Rey no sea culpable. Y si no es así, será casi peor. Ha llegado un momento, en este asunto, que lo peor que puede ocurrir es que Urdangarin salga bien parado. Algo ocurre en nuestra Justicia, cuando suceden este tipo de cosas.

Juan de Dios Colmenero es Redactor Jefe de Nacional de Onda Cero Radio