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Los puntos cardinales

Veracruz ignora el verdadero problema de México

Diciembre 2, 2014

Cada año por estas fechas desde que existe esta sección dedicamos unas líneas a la reunión que celebran los jefes de Estado y de Gobierno de la comunidad iberoamericana. Habitualmente los comentarios y las valoraciones sobre estos eventos no suelen ser generosos en el elogio. Muy al contrario, cada vez insistimos en que este formato demostró su agotamiento hace ya tiempo. Y no es una ocurrencia. Es la conclusión tras observar cómo la ausencia de gobernantes se hace cada año más evidentemente. Porque si los mandatarios ignoran la invitación y pasan ampliamente de la convocatoria, podremos colegir que a quienes no acuden a la cita les interesa poco o nada lo que se debate.

La semana pasada, durante su visita oficial a La Habana, el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García Margallo, reiteraba que había que hacer todos los esfuerzos posibles para que Raúl Castro y la brasileña Dilma Rousseff acudan a Veracruz. Digamos que es como cuando alguien tiene un local de moda y se vuelca en albergar la clientela más selecta y VIP.  En el caso de la Cumbre de Veracruz, la número veinticuatro desde que se iniciase el proceso en Guadalajara, todos, en especial nuestro país como principal impulsor, intentan evitar que el epílogo de esta experiencia anual se escriba como un fracaso. Los países iberoamericanos se dan cita en la ciudad mexicana para poner en marcha la que denominan Cumbre de la Renovación dentro del eslogan “Iberoamérica en el Siglo XXI: Educación, Innovación y Cultura”.

La incapacidad de un Gobierno

Los organizadores confiesan su firme voluntad de que la reunión resulte muy dinámica y con resultados concretos, una aspiración loable aunque escasamente realista, si nos atenemos a la conseguido en las veintitrés ediciones anteriores. Me gustaría llamar la atención sobre algo que resulta tristemente paradójico y que hace pensar que la institución que supervisa y coordina todas las tareas, la Secretaría General Iberoamericana, vive una realidad distinta de la que quizá debería ocuparse. Me pregunto cómo se puede establecer un debate sobre la alianza por la movilidad académica, la alfabetización y, sobre todo, las mejoras de profesores y estudiantes en el mismo país que sigue ahogado por la conmoción provocada por la desaparición de cuarenta y tres estudiantes normalistas de Magisterio en el Estado de Guerrero.

Si algún sentido tendría esta cumbre sería dedicarla monográficamente a esta lacra, a la incapacidad de un Gobierno que ha cumplido dos años de mandato el pasado lunes y que no puede ofrecer las respuestas y la contundencia que la población reclama. Porque una cosa es que “el espectáculo debe continuar” y las instituciones no pueden paralizarse por hechos como los descritos y otra muy distinta es que se convoque a Veracruz a hablar una vez más de problemas educativos con una nación entera pendiente del paradero de esos muchachos de una zona rural cuya vocación les llamó a ser maestros.

Un clamor de indignación

Lo que deja todavía más en evidencia al encuentro de Veracruz es la Feria del Libro de Guadalajara, la capital del Estado de Jalisco, en la que toda la cultura mexicana se está volcando en un clamor de indignación contra lo que ocurre en el país. Suponemos que desde el ámbito oficial, tantas veces alejado de las demandas de la calle, se observará con absoluta normalidad cómo se ha planteado esta cumbre que cierra un ciclo y que, a partir de ahora, se celebrará cada dos años. Aunque las ausencias sean notorias y cobren un protagonismo excesivo, el verdadero balance desde 1991 no debería medirse tanto por la cantidad de asistentes como por la fuerza y por la consistencia de lo que se plantea sobre la mesa.

La educación, qué duda cabe, resulta determinante, en la medida en que define la apuesta por el modelo y las perspectivas de futuro de cada país. Nada que decir, por tanto, a que no se escatimen esfuerzos en esas materias. Lo que asombra y provoca perplejidad es que Veracruz acabe siendo como el agujero en el que mete la cabeza el avestruz para no ver lo que le rodea. México sufre una crisis alarmante, y su último episodio tiene al ámbito educativo como víctima. Cualquier fórmula que ignore lo que está ocurriendo y oriente la discusión hacia un plano eminentemente retórico supondrá un flaco favor a la comunidad iberoamericana y una muestra de desdén a los mexicanos que acogen esta enorme exhibición de egos.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero