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¡Qué fuerte!

Venganza entre rejas

Mayo 9, 2014

Dice que, por fin, ha acabado su calvario y que ya está tranquila. No tiene más remedio ya que ayer ingresó en prisión por quemar al hombre que violó a su hija. Después de años de recursos, apelaciones, peticiones de indultos, etc. descansará entre rejas. Lo ha intentado todo y de todas las maneras posibles pero no ha podido ser. La cárcel era inevitable y la esperaba con las puertas de par en par, sin concesiones, para pagar por matar a un hombre. Aquí no vale el ojo por ojo, esto no funciona así y tiene que pagar por lo que hizo. Así es la justicia, justa e injusta a la vez. Justa porque nadie puede jugar con la vida de nadie y si se hace, se paga. E injusta porque a su hija la violó un tío que, una vez en la cárcel, disfrutaba de permisos penitenciarios.

Un día la chica entró en un bar y se lo encontró allí, bebiendo, como si nada hubiera pasado, como si fuese un ciudadano normal y corriente más. Ella salió corriendo y acudió a su refugio, a su hogar, a la única persona capaz de salvarla, a la única que está siempre, en lo bueno y, por desgracia, en lo malo desde siempre: su madre. Sin ser madre entiendo el dolor inmenso que se puede sentir cuando le pasa algo malo a un hijo. Ese dolor se convierte en insoportable cuando además de pasarle algo, resulta que ha sido por culpa de otra persona y a propósito, con maldad y alevosía. Ver a un hijo sufrir es lo peor para unos padres y, para una madre, que lo ha parido y ha salido de sus entrañas, más todavía. Por eso no se lo pensó dos veces y fue al bar, roció con gasolina al violador y le prendió fuego. El hombre murió varios días después en el hospital.
 
Vivir a cuestas con la muerte de una persona
 
Seguramente ella y su hija descansaron el día de la noticia de la muerte, sobre todo la hija. Ese trauma no se supera nunca y el miedo jamás abandona tu cuerpo. Y la madre también descansó pues ya no vería más a su hija temblar al oír hablar de la libertad de ese individuo. Pero para esa madre, heroína para su hija y para muchas madres que no pudieron vengar jamás las violaciones de sus hijas, también comenzó su calvario. Igual que no es fácil vivir con la violación de una hija encima, tampoco debe ser fácil vivir a cuestas con la muerte de una persona, aunque haya sido la del hijo de puta que la violó. Anoche madre e hija durmieron separadas, solas, la una pensando en la otra. Una preocupada por haber dejado desprotegida a su hija y otra por sentirse desprotegida sin su madre. Sólo el calvario que ambas han pasado desde la violación ya debería servir como condena por el asesinato del violador, pero no puede ser así. Hay que cumplir la ley y, si no se cumple, se paga. Ahora sólo queda esperar algún resultado más de alguna petición, revisar su estado mental y confiar en que lo justo es lo que se está haciendo para que todos tengamos las conciencias tranquilas.
 
Rosana Güiza