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¡Qué fuerte!

Unos tanto y otros tan poco y tan nada

Octubre 28, 2011

La semana pasada, las imágenes de una niña atropellada en china dieron la vuelta al mundo y no precisamente porque el accidente fuera espectacular o de una gran magnitud, sino por la pasividad, pasotismo e indiferencia de los transeúntes y demás conductores. La niña, de dos años, fue atropellada, el conductor paró pero, decidió continuar en lugar de bajarse para ver que había pasado, y la sobrepasó con las ruedas traseras de nuevo. La pequeña quedó tendida en el suelo, tirada, sin moverse. A partir de ahí, la gente caminaba alrededor de ella sin inmutarse, incluso sin mirarla, con total desprecio, bueno, ni siquiera desprecio, porque la indiferencia era absoluta. Incluso la esquivaban como si de una basura se tratase.

Es más, algún que otro coche volvió a pasar por encima de ella. Al final, una señora la recogió pero quizás, demasiado tarde, ya que la niña entró en coma y murió pocos días después. Justo el martes volvió a ocurrir algo parecido. Esta vez ha sido un camión el que ha pasado por encima de un niño de cinco años pero, lo peor es que el camionero dio marcha atrás para rematarlo, y lo hizo para no pagar las facturas médicas que habría tenido que costear en caso de que el pequeño hubiera ingresado en un hospital. Y como el pago de una indemnización en caso de muerte resultaría más barato allí, pues mejor matarlo que intentar salvarle la vida. ¿En qué mundo vivimos? No puedo evitar sentir vergüenza del ser humano y también miedo, ya que esta sociedad asiática está en emergencia y son constantes los comentarios que aseguran que serán los que dominen el mundo dentro de poco. Aunque no se muy bien como ya que, justo los que son su futuro, los niños, son tratados peor que animales.

Quedarse sin hogar

Para rematar este sentimiento repugnante, ayer me cuenta una amiga, cuyo trabajo es bastante desagradable, que tiene que ocuparse de los desahucios más pintorescos; gente del 15-M que se mete a vivir donde les da la gana o getas que no pagan y quieren vivir del cuento, entre otros pero, lo más triste de su trabajo no es lidiar con estos personajes, que incluso llega a ser peligroso a veces, sino tener que echar de sus casas a personas mayores, ancianos, que han avalado a algún familiar con su piso y, por culpa de, a saber quién o qué, tienen que abandonar sus hogares obligados, quedarse en la calle, sin techo y sin saber a dónde ir, de repente, después de toda una vida de esfuerzo y trabajo. Y parece que últimamente es más habitual de lo normal.  

Indemnización de Teddy Bautista

Qué cosas pasan, ¿verdad? Mientras unos no tienen dónde ir, a otros les sobra y además, lo que tienen no les parece suficiente. Es el caso de Teddy Bautista, el ex presidente de la SGAE, que no contento y a espera de que sea juzgado por robar a la sociedad y haberse forrado, presuntamente, no se corta en pedirles un millón doscientos mil euros por despido improcedente. Es un disparate y no sólo porque este hombre no tenga límite, sea un ansioso y avaricioso, sino porque fue él el que presentó su dimisión. Así es el asqueroso mundo en el que vivimos; unos tanto y otros tan poco y tan nada.

Rosana Güiza

rguiza@extraconfidencial.com