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Mensaje en una botella

Una relaxing cup of café con leche

Septiembre 11, 2013

España hace aguas. Las goteras del Congreso de los Diputados, que provocaron que el pleno de control al Gobierno se retrasara dos horas, son la imagen de una nación que está con el agua al cuello. La buena noticia es que ya podemos avistar la costa. La mala es que no sabemos si se trata de tierra conquistada o de un terreno desierta. Ignoramos si vamos a dar con el territorio de la prosperidad o con una tierra salvaje en la que habrá que levantar una nueva civilización. Cristóbal Montoro lo describiría con más chispa y apostaría indudablemente por una prosperidad ejemplar. Pero yo no soy un ministro rumboso.

La estampa del presidente Mariano Rajoy esperando un par de horas para que su Gobierno fuera interpelado por sus señorías parece un daguerrotipo de otro siglo. Es como si el tiempo se hubiera detenido y no hubiéramos avanzado. Es como si la reforma del edificio del Congreso de los Diputados siguiera adelante mientras a alguien se le ha olvidado repasar el techo del hemiciclo, que tiene goteras.

Curiosamente el techo forma parte de la zona reformada y eso sólo puede llevarnos a temer la reaparición de dos fenómenos nacionales que, al igual que los daguerrotipos, parecían propios de otro siglo. Uno es el estilo Pepe Gotera y Otilio. El otro es un estilo aún más depurado: el de Manolo y Benito Corporeision. En cualquiera de los dos casos, la chapuza está garantizada. Por lo demás, lo sucedido tampoco tendría mucha importancia si no fuera por un pequeño detalle: el hemiciclo es la parte del Congreso más vista a los ojos del mundo.

Donde lloran los dioses

Pero España hace aguas esta semana no sólo por las goteras del Congreso. Hace aguas especialmente por el naufragio olímpico de Madrid 2020. La candidatura de la capital de España se ha deshecho como se deshace un azucarillo en una relaxing cup of café con leche. El dedo acusador de la opinión pública ha declarado culpable a Ana Botella al estilo de los juicios del lejano oeste: sin posibilidad de defensa para el reo.

¿Ha sido la alcaldesa de Madrid la única responsable del naufragio? ¿No es un equipo el que gana o pierde los partidos en la competición olímpica? ¿Qué hay de los demás que han remado en la misma dirección que Ana Botella? ¿Hay destacados alumnos de clase de inglés en la delegación que defendió la candidatura española en Buenos Aires o sólo se nos ocurren dos, que son altezas reales y baloncestísticas?

Cuando estás con el agua al cuello es cuando hay que demostrar la convicción y el coraje que llevas dentro. Cuando todo parece perdido es cuando hay que superarse. Cuando lo fácil es darse por vencido es cuando hay que remontar el vuelo sacando fuerzas de flaqueza. Cuando todo se viene abajo es cuando hay que levantarse y aferrarse a la esperanza en el futuro. Cuando la derrota te hace sentir peor que nunca es cuando no hay que rendirse.

El sábado pasado estábamos tarareando el “Miralá, miralá, miralá, miralá, la Puerta de Alcalá” cuando el presidente del COI anunció que Madrid 2020 quedaba fuera de juego a las primeras de cambio. El anuncio de Jacques Rogge hizo enmudecer a quienes se concentraban en la Puerta de Alcalá, que en un momento pasó de albergar la fiesta de un recién nacido a celebrar el funeral de un fallecido inesperado. Fue entonces cuando comenzó a llover. Y las gotas de lluvia parecían lágrimas provenientes del monte Olimpo, donde lloran los dioses. Pero también parecían gotas de sudor de los atletas de Olimpia que ya nunca llevarán su antorcha hasta Madrid. Por ahora. Algún día cambiará. Y algunos podrán verlo.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero