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Los puntos cardinales

Una película sobre Bin Laden amarga la Navidad a Obama

Diciembre 18, 2012

En 2008, el estreno de “The Hurt Locker”, traducida aquí como “En tierra hostil”, revolvió las tripas y las conciencias de los norteamericanos. La película de Kathryn Bigelow contaba con muy poco presupuesto la angustia de un sargento desactivador de explosivos en Irak. La cinta ganaba seis Oscar, entre ellos a la mejor película y a la mejor dirección, consagrando a Bigelow como una realizadora impecable, muy interesada en curiosear en asuntos militares molestos.

Cuatro años más tarde, su nombre vuelve a las portadas por su último trabajo, “Zero Dark Thirty”, una película de ciento sesenta minutos que describe con precisión de relojero todo el proceso que condujo hasta la muerte de Osama Bin Laden en la ciudad paquistaní de Abotabad. Hoy es el preestreno en Estados Unidos, aunque ya todo el mundo sabe no sólo de qué trata sino cómo arranca ese largometraje. Bigelow ha filmado una secuencia de tres cuartos de hora de interrogatorio con “waterboarding”, la técnica de ahogamiento simulado, la tortura mil veces de denunciada pero defendida por la Administración Bush como un modo eficaz de conseguir información secreta. El debate, pues, está servido, porque es mediante ese cruel sistema de simulación como se obtuvieron algunos de los datos para asestar golpes certeros a la red del hombre más buscado del planeta. Así que justo un mes antes de tomar posesión de su segundo mandato, Barack Obama se ve enfrascado en un debate nacional entre periodistas, políticos y organizaciones de derechos civiles sobre la conveniencia de emplear la tortura del ahogamiento simulado como práctica, o sea, si el fin de encontrar al terrorista más perseguido, al peor enemigo de América, justifica medios como este, reimplantado en 2002 aprovechando el alto grado de sensibilidad social y, en consecuencia, de comprensión ciudadana cuando de los que se traba era de encontrar como fuera al responsable de las tragedias de Nueva York y Washington.

Dedo en la llaga

Era una decisión en caliente. El problema, la llaga en la que Katrhyn Bigelow ha puesto el dedo, es el informe del Comité de Inteligencia del Senado en el que a través de un exhaustivo estudio se hace hincapié en que el empleo de esa modalidad de tortura no ha garantizado la información determinante, el elemento decisivo sobre el que se gestó la búsqueda de Abu Ahmed Al Kuwaiti, el correo personal del fundador de Al Qaida, el último mensajero que transmitía y recibía personalmente las órdenes de Osama. Frente a estas técnicas de la CIA, los agentes del FBI con más experiencia sostienen que un detenido sometido al límite de la tortura física puede ofrecer alguna certeza o incluso alguna media verdad para poner fin a su infierno, pero no una información totalmente detallada. Para colmo, desde hace meses algunos republicanos en la Cámara de Representantes han venido acusando a la realizadora de recibir inteligencia clasificada sensible para llevar a la pantalla la historia de la caza de Bin Laden. Incluso el estreno fue aplazado hasta después de las elecciones y el título modificado en última instancia para convertirse en “Zero Dark Thirty”, un código de las operaciones especiales de los Navy Seal empleado cuando la acción transcurre en plena noche.

De modo que la polémica se ha convertido en la mejor campaña publicitaria para un trabajo que desde el punto de vista estrictamente cinematográfico es impecable, con la garantía de calidad que ofrece el “sello Bigelow”, que vuelve a ser firme candidata a la estatuilla.

Una vez que ha sido capaz de contar el final de Osama Bin Laden con material secreto del Capitolio, sólo queda confiar en que alguien le filtre a la directora datos clasificados para que podamos conocer de una vez por todas la verdad oculta del 11 de Septiembre, el origen de toda esta peripecia.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.