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Otras opiniones

¿ Una nueva camarilla para Los Príncipes ?

Octubre 3, 2010

Yo defiendo a la Princesa de Asturias de la pléyade ultrafascista y ultraizquierdista, que intentan ajusticiarle simplemente porque tuvo una juventud alegre y confiada. Y también porque, al parecer, tiene una cierta tendencia izquierdista-moderada y es amiga de algún que otro ganapán de la cosa, léase, Joaquín Sabina que, por lo demás, es un tipo que hace música que me gusta.
 
Pero escrito lo anterior, tengo que decir que su Alteza Serenísima no debe olvidar una lección que aprendió o debió aprender de los Reyes actuales: nunca quisieron ni Corte ni cortesanos porque eso no se permite en estos tiempos.
 
Las noticias que nos llegan al respecto son altamente preocupantes. Los cortesanos del siglo XXI no van vestidos con ropajes de raso, ni capa, ni espada, ni daga, ni calzones al uso. Van vestidos de Gucci, corbatas de seda y camisas de Polo. Son los amiguetes del Príncipe, generalmente ricos herederos que no han dado un palo al agua en su miserable vida. O periodistas que han hecho sus carreras por favores gubernamentales, o con el apoyo de los distintos colores políticos, como el tipo ese que ella presuntamente colocó al frente de EFE.
 
Una Princesa moderna, que además dice que es periodista, debería saber que hoy lo mismo da que da lo mismo unos que otros y que ellos, que viven del presupuesto público, deben tratar por igual a los señores/as que trabajan en un modesto medio digital (que generalmente no estará hipotecado), que a esos grupos multimedia que lo deben todo y que están en ruina o si quieren en quiebra, si los bancos les apretaran las clavijas.
 
Oiga, Serenísima Princesa, los dineros que usted recibe provienen también de esos medios a los que desprecia, que pagan sus impuestos posiblemente con más diligencia que sus amigos de Prisa o de la multimedia de Lara. Así que ojo al parche que las atan corto. Porque al final, como esos medios humildes se pongan de acuerdo y la enfilen contra su Alteza, dura usted menos que un colibrí en los surcos de la Ribera del Duero. ¡Me sorprende que no haya aprendido la lección! ¡Con lo lista que dicen que es usted!

Don Juan Carlos, que parece haberse recuperado de sus dolencias, bien que lo celebro, tuvo claro desde el primer momento que no podía nutrirse de ese grupo de cortesanos que a lo largo de la historia arruinaron España. Desde el Duque de Lerma a Godoy. Menos fiestecitas en casa de ricos y más patear la calle, sobre todo, subidos al lomo del pueblo llano que si las cosas vienen mal dadas son los únicos que les sacarán las castañas del fuego.
 
Miren, Altezas, en las grandes ocasiones al país le salvó ese pueblo, porque si por lo nobles, los militares, la alta burguesía fuera…pues qué les voy a contar que a ustedes no les hayan enseñado en la clase de Historia. Así que a todos por igual porque al final de todo se entera uno.  Ahora, doña Letizia Ortiz, hija del pueblo sobrevenida por la gracia del Heredero en Princesa de Asturias, a la antigua corte se le denomina camarilla. Y a dejarse de cuentos que ustedes son príncipes modernos y dominan el Internet. Al menos eso nos ha vendido la tele oficial, la misma en la que trabajó y cobró la futura reina de España a las órdenes de José Antonio Sánchez, Fernando López Amor y Alfredo Urdaci.
¡Ojo!


Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es