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Los puntos cardinales

Una mujer quiere presidir Afganistán y decir adiós a los soldados americanos

Noviembre 6, 2012

Todavía con el eco de las fanfarrias y del clamor de la fiesta electoral, el presidente de los Estados Unidos sabe que tiene ante sí una abultada agenda de asuntos pendientes, y por culpa del huracán Sandy las prioridades han experimentado una rápida y lógica mutación. Además de las consecuencias de una catástrofe natural como esta, hay que dinamizar la economía y crear empleo. Todo eso ocupará buena parte de tiempo en el ámbito de la política nacional. Pero en el próximo cuatrienio va a haber también un notable protagonismo de la diplomacia y de las grandes decisiones en materia internacional. Concluido el repliegue de Irak, dentro de dos años deberá haber abandonado Afganistán el último soldado norteamericano. Y en ese país vamos a fijar esta semana la atención porque la historia, la propia idiosincrasia de sus gentes y lo ocurrido tras la caída del régimen talibán y el inicio de la invasión militar norteamericana lo convierten en un escenario propicio para toda clases de conjeturas.
 
Cuando la Administración Bush ordenó la invasión del territorio afgano tras los atentados del 11 de Septiembre, diseñó el futuro inmediato de esa nación asiática con un despliegue bélico que intentase colocar los cimientos de una imprescindible seguridad en las calles y, en el plano político, situó a Hamid Karzai al frente de la Presidencia como sujeto y referencia ante el resto del mundo de ese teórico nuevo país. El hombre de la capa que tanto se parece al actor Ben Kingsley se había curtido en el entorno del grupo de empresas Carlyle, en el que se concentraban buena parte de los múltiples intereses económicos y financieros tanto de George W. Bush como de su mano derecha y auténtico factotum de la Casa Blanca, Dick Cheney. Era, pues, “uno de los nuestros”.
 
Con Karzai en el poder de Kabul, se consolida el primer parlamento afgano tras la crisis de 2001 y en él una mujer, Fawzia Koofi, logra ocupar la máxima responsabilidad de la Cámara Legislativa. Con treinta años recién cumplidos, Fawzia era la primera fémina afgana con un nivel semejante de peso político e institucional.
 
Candidata electoral
 
Hagamos un rápido repaso de su vida para comprender qué supone que la señora Koofi haya anunciado públicamente su deseo de concurrir como candidata a las elecciones presidenciales de 2014, el año en el que la seguridad y la estabilidad de Afganistán recaerán directamente en manos de sus agentes de policía y de sus soldados. La fecha, por tanto, en que se arriarán las banderas norteamericanas y de la OTAN que aún queden en el país.
 
Fawzia Koofi nació en 1975, aunque su historia es propia del siglo XI. Nada más venir al mundo, su madre la abandonó a pleno sol con la esperanza de que muriese porque el bebé no era un varón, el regalo de Alá con el que sí había premiado a su padre la más joven de sus siete mujeres.
 
Su vida es un ejemplo de tesón incansable, toda vez que en 2010 el convoy de vehículos en el que viajaba fue tiroteado, aunque ella logró salir ilesa. Desde que Fawzia decidió apartarse el burka y descubrir su rostro, nunca más un velo ha vuelto a ocultar la cara de esta mujer que quiere sacar a Afganistán del delirio medieval en el que lleva décadas anclada. Su brújula para alcanzar ese destino que por ahora parece una quimera son sus dos hijas, a las que la candidata pretende ofrecer una tierra y unas costumbres sociales que las hagan iguales y las alejen de esa suerte de esclavitud a la que se han acostumbrado las afganas, cuyo único grito de esperanza pasa porque Fawzia Koofi acabe siendo elegida para llevar el timón del país, si alguien se ocupa de protegerla.
 
Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.