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No me moverán

¿Una Hacienda Europea?

Julio 25, 2011

La última reunión del Eurogrupo arroja enseñanzas. Grecia no es el problema de la UE; es el síntoma. La enfermedad del Euro no es económica; es política, se trata de déficit democrático. Aunque la Comisión o el Banco Central Europeo (BCE) impongan medidas de austeridad para salvar la economía griega, no tienen los instrumentos coercitivos para hacerlas cumplir. Esa es la lección de esta crisis. Tampoco tienen la “auctoritas” para hacerlo. Los helenos se encuentran atrapados entre sus políticos locales electos, que responden democráticamente ante ellos, pero han demostrado ser pésimos gestores y los dirigentes europeos, atrapados por los intereses de sus respectivas naciones.

La Cancillera Merkel y el Presidente Sarkozy no pueden decidir teniendo en cuenta sólo los intereses generales de la UE; no pueden prescindir de sus condiciones de políticos nacionales; y no se les puede exigir que lo hagan. La racionalidad democrática es así.

Por esta razón las decisiones del Eurogrupo suelen ser lentas e insuficientes. Y esa característica produce una incertidumbre que pone nerviosos a los mercados porque no da la sensación de ser definitiva. De hecho, las medidas del segundo rescate a Grecia han tenido acogidas variadas. Mientras unos analistas las alaban, otros consideran que no será el último rescate. En consecuencia, siguen los ataques especulativos contra los bonos soberanos de la zona euro.

Actuaciones preventivas y proactivas

Por eso es necesario un órgano independiente con autoridad democrática y visión global para tomar decisiones eficaces y creíbles en la zona euro: una Hacienda Europea. Merkel lo pedía el otro día al abogar por un Fondo Monetario Europeo, a imagen del FMI. Pero, no es suficiente. Las actuaciones del FMI suelen ser reactivas, actúa para resolver situaciones de riesgo. Sin embargo, lo que necesita la Eurozona son actuaciones preventivas y proactivas. Un órgano capaz de supervisar, coordinar, monitorizar y controlar las finanzas públicas de los estados que la componen; un ministerio de finanzas, una Hacienda Pública europea.


El problema es que mientras las decisiones para crear este organismo dependan de los intereses nacionales nacerá débil, sin la autoridad necesaria. Podría crearlo el Parlamento Europeo, pero el pacto actual no le da poder suficiente. Hay un Presidente del Consejo, Rompuy, pero se le ha nombrado por acuerdo entre los diferentes componentes nacionales. ¿Tendremos que esperar a unas elecciones presidenciales Europeas directas? Largo me lo fiáis, que diría un clásico.


Mientras tanto iremos viendo parches, soluciones parciales, que no satisfarán a los mercados sabedores del déficit democrático de la UE. La ventaja es que cada crisis hace conscientes a los dirigentes europeos de la necesidad de reducir ese déficit. Lo importante sería que esa consciencia se extendiera también entre los ciudadanos.  

Alemania, ¿pagana de la fiesta?

Los alemanes empiezan a pensar que son los paganos de la fiesta de los países periféricos. Pero deben saber que la historia de la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI no les ha ido mal; que lo comparen con la primera mitad del siglo pasado cuando no había UE. Dos guerras civiles europeas, que se transformaron en mundiales, son más caras que la ayuda a los rescates y los fondos de cohesión. Además con la UE gozan de un mercado de 400 millones de europeos en el que venden sus productos y una moneda el euro, más débil que un hipotético Marco, que les permite exportar con ventaja al resto del mundo. Y, por otra parte, a los periféricos hay que hacerles reflexionar para que acepten una supervisión fiscal cada vez más estrecha a la vista de su historia reciente.

Poco a poco nos iremos convenciendo, políticos y ciudadanos, de que es más barato y eficaz ceder soberanía nacional, que volver a la Europa de antes de la EU y el euro.

José Ramón Pin es Profesor del IESE. Titular de la Cátedra de Gobierno y Liderazgo en la Administración Pública