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Otras opiniones

Una chica conduciendo y bebiendo cerveza

Noviembre 25, 2010
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Estoy completamente atónito. Iba yo de camino a casa después de una maratoniana jornada de trabajo en Telecinco pensando sobre qué tema escribir abiertamente para intentar reflejar mi opinión de una forma clara cuando miré por la ventanilla del coche. Giré el cuello y me quité la bufanda que llevaba protegiéndome mi delicada garganta. Volví a mirar otra vez. “Increíble”, ñe dije al taxista paquistaní que me llevaba a casa. Impresionante la escena que contemplé al otro lado. Una chica, de unos veinticinco años de edad, de apariencia ruda, conducía con aparente cautela un vehículo por la M30. En una de sus manos, el volante parecía moverse con cierto peligro. En la otra, una cerveza coronita que llevó a la boca sin ton ni son. A su lado, otro joven, quizás su novio, la miraba embelesada. Durante los minutos que duró el atasco, el fornido mocetón agarró la cerveza y le dio un trago. Se la devolvió a la joven, que seguía con intención de conducir.
No doy crédito a semejante estupidez. Me pregunto cómo alguien tan joven puede poner en peligro su vida –y también la del resto de viajeros- por una insignificante cerveza. A veces no valoramos lo suficiente que estamos vivos. Por eso, siempre que me preguntan si estoy a favor de las multas de tráfico, me manifiesto con un rotundo sí. Sobre todo en situaciones tan impactantes como la que presencié ayer por la tarde. Lo más llamativo del asunto de marras es que se les veía felices. Como si no fueran conscientes de que estaban poniendo en juego todas esas ilusiones que tenían pintadas en la mirada.