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Otras opiniones

Una cena de verano

Julio 21, 2013

El viernes estuve cenando con unos amigos en una terraza de Guadalajara, que es donde me crié. Uno de ellos parecía torcido y enfadado desde el principio. No había llegado el salmorejo y los entrantes cuando me reprochó mi forma de enfocar el caso Bretón: “Para mí, como amigo no, pero como periodista has perdido mucho”. Le fui haciendo preguntas y en realidad, acabó reconociéndome que no me había visto un solo día. Se lo habían contando sus compañeras de trabajo. ¡¡Acabáramos!! Me explicó que en una ocasión me escucharon en la tele hablando del caso y como no les gustó mi línea de pensamiento la apagaron. “Bretón es culpable, así que todo lo demás sobra. Mató a sus hijos, ese pedazo de cabrón. Vamos, si yo impartiera justicia, ni juicio ni nada, a la hoguera con él, pena de muerte”, me dijo muy serio a modo de conclusión de su alegato.

Ideas preconcebidas

Quiero a mi amigo, hemos compartido juventud, aventuras y confidencias, pero él es un ejemplo de lo que suele pasarnos a todos en esta sociedad. Hablamos de oídas (yo también, lo reconozco), opinamos sin profundizar en los asuntos. Qué idea más simplista es pensar que el malo es malo al 100% y que los buenos son casi dioses a los que hay que idolatrar, alabar y venerar. Jamás se equivocan porque son de los buenos. Si además osas enseñar las pequeñas sombras que proyectan, te conviertes en socio y amigo del diablo, tan pérfido y perverso como él. Le confieso que espero que todos los que piensan como mi amigo, que hay muchos, nunca sean acusados de un delito. Entonces querrán para ellos todas las garantías legales que le niegan a José Bretón.

Cuando le conté y razone los argumentos que he esgrimido a lo largo del juicio, acabó reconociéndome dos cosas: la primera, que según se lo acaba de narrar tenía razón, pero que, según él que no me había visto ningún día, no había sabido explicarme bien en la televisión y por tanto la opinión pública (sus amigas, las que apagaron la tele antes de terminar de escucharme) no me entendía. Segundo, que independientemente de cualquier razonamiento, Bretón era culpable con o sin pruebas y que esperaba que lo matasen en la cárcel, si era sufriendo mejor. Mi mujer me miraba escandalizada, mordiéndose la lengua para no saltar (quien la conoce sabe que sangró), pero pragmática me hizo una seña de que cambiara de asunto porque no lo iba a convencer. 

Política no es sinónimo de corrupción

¡¡Y se me ocurrió conversar de política!! Antiguamente se notaba las siglas de cada uno en cuanto te ponías a hablar. Era como ser del Real Madrid o del Atlético (yo soy indio). Apoyando a tu equipo a pesar de los disgustos, las pifias o la falta de lucha. Con ellos hasta el final, porque los colores se llevan en el corazón. Así me parece que ocurría antes en política en mi entorno. Ya no. Ahora todos son malos. Existe, y me incluyo, una decepción generalizada y un odio cerval a todas las siglas, representen a la izquierda o la derecha.

De vuelta a Madrid en el coche fui pensando y me arrepentí de alguna de las ideas que había verbalizado. En realidad es una idea estúpida aborrecer la política en público y en privado al calor de escándalos como los ERE en Andalucía o la financiación ilegal del PP que finalmente ha confesado Luis Bárcenas. Corruptos y sinvergüenzas en política los ha habido y los habrá siempre, pero generalizar siempre ha sido un grave error. Conozco a políticos en los que confío y cuando escupimos sobre ellos, también lo hacemos sobre los que desde la lealtad, el compromiso personal y sobre todo la honradez tiran del carro de la política.

El cuerpo de Marta del Castillo

Hubo risas, anécdotas y conversaciones intrascendentes, pero justo después de los cafés, mientras esperábamos la cuenta, una amiga me preguntó: “¿Encontrarán a Marta del Castillo donde la están buscando?” Le reconozco que no supe qué responderle. La policía está casi convencida de que la hija de Antonio y Eva está enterrada en ese paraje de La Rinconada. Hay alguno que es más prudente o más escéptico, pero en su fuero interno todos piensan que está allí.  Mi deseo, como el de todos los españoles, es que la encuentren, para que al menos su familia tenga una tumba a la que llevarle flores y llorarla. Quedan por conocerse los resultados del georadar que ha analizado la superficie de la finca donde se supone que está enterrada. Previsiblemente lleguen en agosto o septiembre. Ahora sólo queda reconocerle el enorme empeño y trabajo a los investigadores sevillanos de la policía y a todos cuantos han colaborado en buscar una respuesta que ofrecer a Antonio del Castillo y Eva Casanueva. Una respuesta que les aporte algo de paz.

Nacho Abad