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¡Qué fuerte!

Una calurosa y trágica noche de verano

Septiembre 2, 2016
maltrato

Eran alrededor de las cinco y media de la madrugada de un caluroso sábado de julio cuando, unos gritos y golpes despertaron a casi todo el vecindario que quedaba todavía trabajando en la ciudad. Aunque durante los primeros segundos el escándalo parecía provenir de una típica pelea entre borrachos que salen de una discoteca, no fue difícil darse cuenta rápidamente de que el problema era mayor, que el jaleo era producido por bofetadas y puñetazos y de que los gritos eran insultos de un hombre hacia una mujer acompañados de los quejidos de ella. El calor insoportable y las ventanas abiertas alertaron rápidamente a todos los vecinos, que salieron a sus balcones en ropa interior alertados de que algo grave estaba ocurriendo.

En la acera había tres individuos, dos hombres y una mujer, uno de ellos alejado unos metros, el otro propinaba primero bofetones sin medida y puñetazos a la mujer mientras ella se defendía como podía. Terminó tirándola al suelo y propinándole alguna patada en el estómago. Ella gritaba “devuélveme el dinero que te presté” mientras él le decía “era una puta zorra”. Los gritos y el sonido de las bofetadas cruzaban la noche igual de rápido que le cruzaban la cara a ella. Todos los vecinos callaban asustados cuando, de la nada salió un cuarto hombre que apartó al maltratador de su víctima. Los vecinos empezaron a aplaudir discretamente y a insultar al maltratador. El héroe llevó al hombre a un portal y a la mujer a otro. Primero se ocupó de ella, la tranquilizó y llamó a la policía. Después se fue hacia él y, mientras llegaba ayuda, lo puso en su lugar. De repente él cambió y empezó a llamar a su víctima “bebé” y, entre sollozos le preguntaba “¡bebé!, ¿yo te he pegado alguna vez?, ¿alguna vez te he puesto la mano encima”? Los vecinos indignados gritaban insultándole y preguntándole cómo podía decir eso ahora cuando hacía dos minutos estaba pateándola en el suelo y agarrándola del cuello. Ella callaba y el tercer hombre defendía al maltratador diciendo que no había pasado nada, una simple discusión de pareja.

Héroe anónimo

Por fin llegó la policía, que se hizo cargo del asunto. Varios vecinos se ofrecieron voluntarios para declarar donde hiciera falta lo que habían visto. Por supuesto, el héroe también tendría que hacerlo y ella tendría que presentar su denuncia correspondiente.

Todo se resolvió rápidamente pero de manera fatal. Los vecinos, atemorizados por no se sabe muy bien qué, se negaron a declarar. Ella, la víctima, retiró la denuncia, se desdijo de sus palabras y  negó los golpes alegando que ya tenía las heridas de antes. Sólo aquel héroe anónimo se presentó al juicio y declaró la verdad, lo que vio, lo que su obligación como ciudadano ante un problema tan terrible como es la violencia de género exige.

A pesar de la publicidad, a pesar de los casos, a pesar de las muertes, todavía queda mucho por hacer contra la violencia machista. Ojalá ella hoy pueda leer este artículo, eso significará que ya se le ha pasado el hinchazón del ojo de su última paliza o que todavía sigue viva. Una pena.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com