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¡Qué fuerte!

Un violador anda suelto

Julio 4, 2013

Alejandro Martínez Singul, más conocido como “el segundo violador del Eixample” ha salido de la cárcel. Singul ha estado en prisión dos veces: la primera condenado por la Audiencia de Barcelona en 1992 por cinco delitos de violación, cinco delitos de agresión sexual, cuatro más en grado de tentativa y cuatro faltas de lesiones y, tras salir en libertad en mayo de 2007, volvió a ingresar en un centro penitenciario por violar a una menor de 12 años en octubre de 2009. Ha cumplido íntegramente su condena y además, se ha sometido voluntariamente a un tratamiento de castración química. Pero Singul, según dicen los expertos, no está rehabilitado 100%. Aún así, el violador está en la calle. Este tipo estará en libertad bajo vigilancia durante un tiempo y tendrá que seguir con el tratamiento de la castración química, que consiste en inyectarse una medicación que le inhibe el deseo sexual, para no volver a violar a ninguna mujer. Pero, ¿y si el seguimiento no es exhaustivo?, ¿y si deja el tratamiento? Ya lo hizo una vez; violó, fue a la cárcel y, al salir, volvió a violar. ¿Por qué no iba a volver a hacerlo por segunda vez si no está rehabilitado del todo?

No es justo

Miedo, terror, pánico, asco, indignación e impotencia deben sentir ahora mismo todas sus víctimas y sus familiares. Los padres de las víctimas, además de sentir todo esto, deben de tener unas ganas locas de encontrárselo por la calle para hacerle pagar lo que les hizo a sus hijas aunque, normalmente estos tipos tienen la suerte de dar con familias civilizadas que no se toman la justicia por su mano. Su última víctima, una niña de 12 años, estará marcada de por vida por este loco sinvergüenza que no debería haber salido nunca de la cárcel o de un manicomio. Él ha arruinado psicológicamente las vidas de muchas mujeres y del entorno familiar para siempre, sin embargo, ya ha pagado por ello y vuelve a su vida con total normalidad. No es justo. Además, a partir de ahora, cualquier mujer puede ser nueva víctima de este impresentable que se tapa la cara para que no le reconozcan y no reciba la ley del ojo por ojo.

Un tipo que hace daño a la sociedad no debería estar libre y, si está, debería haber fotos suyas por todos lados, como en su tiempo había de los terroristas, para que todo el mundo se quede bien con su cara y lo evite a su paso. Si estoy siendo injusta porque ya ha pagado por su delito y porque lo que sufre es una enfermedad y él no tiene la culpa, pues que lo dejen ingresado en un centro hasta que su enfermedad se cure, y si no se cura, pues encerrado siempre, porque las que no tienen la culpa de que él sea así son esas pobres chicas a las que agredió y violó sin piedad ninguna. Si vuelve a delinquir, ojalá no sea así, volveremos a lamentarnos otra vez y volveremos a preguntarnos qué tiene que ocurrir para que gentuza así no salga de la cárcel jamás. Y, una vez más, la respuesta llegará demasiado tarde para la siguiente víctima. Aún así, confiemos y tengamos esperanza en que no vuelva a suceder. Crucemos los dedos.

Rosana Güiza Alcaide

rosanaguiza@extraconfidencial.com