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Mensaje en una botella

Un pingüino en mi ascensor

Febrero 4, 2015

Sólo puede quedar uno: la ola de frío o yo. Y no voy a rendirme fácilmente. Las raquetas para los pies tal vez sean una exageración, pero a mí me da igual. Yo voy vestido para la ocasión y nadie va a hacerme cambiar de opinión. El frío no va a poder conmigo. Tengo alma de pingüino. Yo fui quien compró la discografía completa del grupo fundado por José Luis Moro en 1987, formado inicialmente por él mismo con su propio mecanismo y al que más tarde se uniría Mario Gil. Me refiero a Un pingüino en mi ascensor.

La carrera de Un pingüino en mi ascensor se prolonga hasta el año 1993 e incluye cinco discos publicados: un mini elepé y cuatro elepés. El grupo reaparece en 1999 y publica dos álbumes, el último de ellos en el año 2004. Desde que nació el proyecto musical de José Luis Moro, me he sentido atraído por la idea que recoge el nombre del grupo: la posibilidad de encontrarme con un ejemplar de pingüino cuando me disponga a entrar al ascensor.

¿Estoy realmente preparado para encontrarme cara a cara con una de estas “aves caradriformes”? Cuando pase esta ola de frío podré responder a la pregunta. De momento,  esta mañana he bajado completamente solo en el ascensor de mi casa. Tal vez era porque no cabía nadie más dentro de él: las raquetas para los pies ocupaban mucho espacio. Pero a mí no va a pillarme la ola de frío en fuera de juego. Hoy he salido a la calle con gorro, orejeras, bufanda, abrigo y guantes; amén de las raquetas para los pies. 

¿Les cuento un secreto?

Sé que me miran por la calle. Sé que parezco Amundsen a punto de viajar a la Antártida. Sé que soy el vivo ejemplo de cómo en este país pasamos de ir en pelotas a ir como esquimales, en menos tiempo del que tarda Pablo Iglesias en decir la palabra casta. Pero yo voy concentrado, a lo mío, canturreando los hits de Un pingüino en mi ascensor para hacerme compañía.

Ande yo caliente y ríanse los reporteros de programas de televisión que estos días vuelven a casa empapados después de participar en divertidas peleas de bolas de nieve para regocijo de la audiencia. Está comprobado que las escenas que incluyen bolazos de nieve o caídas sobre el agua helada hacen mucha gracia a los espectadores. Naturalmente la gracia es inversamente proporcional en el caso de quienes reciben los bolazos o dan con sus huesos en la nieve.

¿Cómo reaccionaré cuando me encuentre con el pingüino? Porque no tengo la menor duda de que voy a toparme con él. Estoy completamente seguro. ¿Saben por qué? ¿Les cuento un secreto? Se lo cuento. He descubierto que Un pingüino en mi ascensor actúa este viernes en el restaurante Marboré de la ciudad madrileña de Torrelodones. Este viernes, en plena ola de frío. Las casualidades existen. Y los pingüinos en España, también.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero