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Los puntos cardinales

Un joven galán desconocido para pacificar Méjico

Julio 4, 2012

Doce años después, el Partido Revolucionario Institucional se prepara para volver a acomodarse en Los Pinos, la residencia presidencial mejicana. El artífice de la victoria ha sido un joven y apuesto candidato, Enrique Peña Nieto, un tipo controvertido con una larga trayectoria dentro del PRI pero, a todos los efectos, una incógnita internacional. Vinculado casi desde su adolescencia a un grupo priísta relacionado con Opus Dei, curiosamente Peña ha sido siempre un auténtico macho mejicano, irresistible para muchas de sus seguidoras. Dicen quienes le conocen que en el plano personal destaca también su escasa preocupación por el intelecto y la cultura. Es, diríamos, como nuestro José Solís Ruiz, cuando abogaba por “menos latín y más deporte”. En toco caso, es innegable que el presidente electo sí tiene una amplia experiencia de gestión política al frente del Estado de México, en el que aplicó purgas entre históricos líderes del PRI.

El hombre que gobernará este país cuyos habitantes se consideran demasiado lejos de Dios y demasiado cerca de Estados Unidos es un perfecto desconocido en Washington. A diferencia de Vicente Fox, que llevó al PAN a la Presidencia en 2000 tras haber sido un alto ejecutivo de la compañía Coca Cola, Peña Nieto es un misterio.

Nueva etapa

Méjico entra un momento apasionante, después de los seis años de mandato de Felipe Calderón, que se han saldado con un considerable crecimiento económico pero que, al tiempo, han dejado en las calles del país la sangre de cincuenta y cinco mil cadáveres. El narcotráfico le ha echado un pulso al Estado y el ejército, incorporado al combate contra las bandas, ha demostrado su ineficacia para un cometido que no es el suyo.

Para que acabe esta lacra, Enrique Peña Nieto sabe que hay que buscar fórmulas que terminen con la corrupción generalizada, estimulada por el mismo dinero de la droga que ha logrado controlar ayuntamientos y gobernadurías de estados.

La nueva administración mejicana debe también ser sensible a las reclamaciones del denominado movimiento Yo Soy 132, que surgió como una voz crítica precisamente contra el PRI, pero que a medida que ha avanzado la campaña se ha desvanecido. Los estudiantes luchaban contra el duopolio informativo que representan TV Azteca y Televisa, que a su juicio simbolizan que el poder lo ostentan sólo unas cuantas familias.

La insistencia de López Obrador
El análisis que se extrae de estas elecciones confirma el hundimiento de los conservadores del PAN, el retorno del PRI con una mayoría no tan aplastante como esperaban sus correligionarios y la consolidación del PRD como alternativa de izquierda, aunque con dos caras. Por un lado, esa insistencia cansina de su líder, Andrés López Obrador, que sigue cuestionando el proceso y no reconoce el resultado de las urnas, como ya hiciese hace seis años. Y por otro, el más positivo, la reválida del PRD al frente de la capital federal, que demuestra que otra izquierda real es posible. A lo largo del mandato del alcalde Marcelo Ebrard se ha puesto el acento en la necesidad de impulsar los avances sociales y las mejoras de salarios a los agentes de la policía y hacer de Ciudad de Méjico un lugar abierto y una referencia económica y cultural en el continente que ha logrado distanciarse de las cifras de miedo y violencia que se han ido propagando como una metástasis letal a lo largo de otros estados del país como Nuevo Laredo, Sinaloa o Tamaulipas. Gobernar la nación de habla hispana más populosa del mundo requiere decisión, compromiso de unidad y, sobre todo, capacidad para definir cómo combatir contra las armas compradas con los ingentes beneficios de la droga al otro lado del Río Grande.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.