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Otras opiniones

Un día en Formentera

Julio 29, 2010

Cuerpos esculturales danzando por la arena blanca. Mujeres con gafas leyendo libros y tocándose las piernas. Mozarronas de sonrisa falsa, estrambótica y hasta peligrosa luciendo tetas. Pechos operadísimos tostándose al sol. Cicatrices, barbas imperfectas, generosas barrigas y sarpullidos quitándose el protagonismo. Penes al descubierto. Señores gritando en francés, inglés e italiano. Asombrosas aguas tintadas de amarillo. Miradas perdidas con gesto libidinoso. Niños correteando con cubos, rastrillos y palas. Un perro pachón retozando en la arena. Sombrillas que vuelan. IPODS sonando a todo volumen canciones imperceptibles. Cuchicheos al borde del mar. Raquetas en movimiento sostenidas por padres, hijos y nietos. Viejas sudorosas tocándose el sobaco. Coquetonas disimulando sus arrugas. Estrías, varices, imperfecciones pélvicas y hasta calvicies sospechosas. Maniquís rumbeando de aquí para allá. Secretos, confesiones y hasta calentones. Dunas dudosas que se mueven. Medusas picando y niños llorando. Tranquilidad. Aviones que vuelan al ras del mar. Y barcos, lanchas, yates, velas y hasta canoas que llegan y van. Nadadores de estilo indefinible. Magreos en las aguas cristalinas. Sueños rotos. Camas blancas, madera cara y mucho glamour. Camareros ofreciendo agua, cócteles y hasta comida de diseño. Rocas peludas. Y cuerpos, muchos cuerpos.

Saúl Ortiz es periodista y novelista