Menú Portada
Otras opiniones

Un día en el Metro de Madrid

Junio 9, 2010

Renacuajos somnolientos buscando refugio entre los cansados brazos de sus madres. Empresarios con corbata y mirada perdida. Señoras desastrosas rebuscando en el bolso. Apacibles ancianos hablando de médicos. Solitarios estudiantes repasando apuntes y mordisqueando sus uñas. Bebés llorando con fuerza en los carros. Mujeres de mediana edad preguntando la hora. Asistentas de hogar dormitando entre ruidos insoportables. Abogados de medio pelo discrepando sobre casos mediáticos. Grupos de malhabladas peliteñidas entonando canciones de Camela. Tíos de cuerpos perfectos marcando músculo con ajustadas camisetas. Miradas perdidas buscando consuelo. Vagabundos disfrazados reclamando caridad. Lectores empedernidos distrayéndose con novelas y libros de autoayuda. Trabajadores sociales protegiendo a mujeres con escasa movilidad. Embrazadas exhaustas zarandeadas por la muchedumbre. Niñas vestidas con ropajes coloridos hablando por el móvil. Relamidas mujercitas espiando a los viajeros. Maestras corrigiendo exámenes y esbozando sonrisas. Crueles marujonas despotricando de sus amigas. Toqueteos impredecibles. Ladrones de guante blanco buscando bolsos abiertos. Miradas desafiantes. Cantantes, charlatanes, bromistas y cuentacuentos buscándose la vida. Cuarentonas escuchando música. Amantes que se besan con pasión. Pies desnudos, chanclas rotas y botas de piel. Abuelos aburridos viajando de un lado a otro. Deportistas recién salidos del gimnasio. Periódicos gratuitos sobre los asientos. Manos húmedas agarradas a la pared. Ojos llorosos y risas excéntricas. Enfermos tapándose la garganta. Amigos discutiendo en voz alta. Dormilones llegando tarde al trabajo. Ricos bocadillos en bolsas de plástico. Adineradas mujeres haciendo ostentación. Pobres raquíticos. Desconocidos entablando conversación. Compañeros de trabajo que se despiden.
Saúl Ortiz es periodista y novelista