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Mensaje en una botella

Un décimo de Doña Manolita

Noviembre 11, 2015
manolita

Se fue la luz. Duró apenas unos segundos, pero fue una señal. Fue como si el sentido de la vida se apagara por un instante y luego recobrara luminosidad. Pero, después del apagón, todo era diferente. A él le había ocurrido lo mismo en su propia vida. Este año que estaba próximo a acabar había sido el año del apagón. Todo pareció acabar un día concreto y, después de irse la luz, todo pareció recobrar sentido. Por eso aquella noche estaba allí, en la puerta de Doña Manolita.

Guardaba cola desde hacía una hora, y era poco tiempo a tenor de lo que contaban algunos de los que le antecedían. Una señora había relatado cómo su hijo llegó a esperar hasta tres horas antes de alcanzar el mostrador. Y después, según su relato, tuvo que abrirse paso a codazos porque un listillo se quería colar. Tal era el fervor que despertaba esta administración de lotería a la que a menudo sonreía la fortuna.

Él esperaba que la fortuna sonriera a su familia y a él mismo. La maldita crisis se había cebado con ellos. Merecían una oportunidad. Merecían un premio de lotería. La adversidad había ido a visitarle en unas cuantas ocasiones durante estos últimos años. “¿Por qué a mí?”, se había preguntado varias veces frente al espejo. Y el cristal del espejo había parecido resquebrajarse tantas veces, que ya había perdido la cuenta.

También esta Navidad

Pero sabía que no estaba solo. Sabía que varios miles de españoles se encontraban como él o peor que él. Mas no le servía de consuelo. Si acaso, de recordatorio. Ver sufrir a otros le hacía padecer aún más, porque no le agradaba el sufrimiento ajeno. El dolor del alma le provocaba malestar, anidara en el corazón en el que anidara.

Respiró el aire de la noche de Madrid y avanzó un paso más. Ya quedaba menos. Ya estaba más cerca de ese décimo que le esperaba, de ese número en el que iba a depositar su esperanza y al que iba a encargar su Destino. Aquellas cinco cifras eran un repóquer de éxitos, eran los números de la felicidad.

Necesitaba que le tocara la lotería de Navidad. Aspiraba al Gordo o a cualquier premio importante. Sus aspiraciones eran elevadas. Y lo eran por pura necesidad. No soñaba con un capricho, sólo con una recompensa al sufrimiento de estos años de maldita crisis. Necesitaba un premio que se convirtiera en una oportunidad, que era lo que había oído que significaba en griego la palabra crisis.

No quería perder su oportunidad para volver a empezar, para construir un futuro, para vivir. Todo cuanto necesitaba era una oportunidad. Y, mientras avanzaba en la cola de Doña Manolita, sintió que esa oportunidad estaba más cerca. Él, igual que tú o igual que alguien a quien tú conoces, seguirá mereciendo una vida mejor. También esta Navidad.

Juan Diego Guerrero dirige Noticias Fin De Semana en Onda Cero

@juandiguerrero