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Mensaje en una botella

Un árbol de Navidad en la cabeza

Diciembre 8, 2011

La semana de los puentes, que hace siete días comparé con el acueducto de Segovia, no ha sido como esperaba. Ha sido todavía peor. Esta semana he descubierto el adorno de moda de estas Navidades cuando se me ocurrió ir al Kilómetro 0, donde miles de personas comen las uvas en Nochevieja mientras las cadenas de televisión emiten los anuncios más caros del año. El adorno de moda, el que a estas alturas ha corrido como la pólvora, es el que he tenido ocasión de descubrir durante uno de los días de este acueducto. No recuerdo el día. Pero no puedo olvidar lo que vieron mis ojos.

Un árbol de Navidad. Cuando intentaba avanzar unos centímetros en medio de la muchedumbre, en una Puerta del Sol en la que por momentos era imposible caminar, mis ojos vieron un árbol de Navidad que se desplazaba lentamente entre el gentío. Poco después, descubrí otro y luego fueron más. Según lograba moverme entre aquella aglomeración humana, alcancé a ver cada vez más abetos navideños que se abrían paso en medio de aquella multitud.

Intenté frotarme los ojos. Pero no pude elevar las manos porque estaba atrapado entre unos señores de Burgos y unas señoras de Albacete que comentaban también la sorprendente estampa de aquellos árboles de Navidad andantes. Lo curioso del fenómeno era que los abetos navideños se desplazaban por la Puerta del Sol por encima de mi cabeza. Pese a que mi fuerte nunca fueron las Ciencias, y lo poco que sé es de Letras, en ese momento comprendí que el desplazamiento de los abetos no obedecía a leyes físicas que desconociera: los árboles de Navidad se movían porque iban sobre las cabezas de algunos viandantes.

¡Tiene garra, tiene fuerza!

El adorno de moda de estas fechas tan entrañables es un complemento que ya no puede faltar en cualquier cabeza que se precie: un sombrero con forma de árbol de Navidad. Y que sea un señor árbol, de una altura considerable, no vaya a pasar inadvertido. Adiós a los gorros de Papá Noel, a las cabezas de reno o a los cuernos de los simpáticos cérvidos que tiran del carro que transporta al orondo repartidor de regalos. Este año se abre paso el árbol navideño convertido en sombrero. ¡Tiene garra, tiene fuerza, tiene talento y ha venido desde muy lejos para triunfar en España, uuuh! Con todos ustedes, el adorno que unirá más a la familia en estas fechas, amigos: ¡el sombrero que es un árbol de Navidad!

Qué mejor forma de olvidar los males que nos rodean. Hagámonos un sombrero con la crisis. Nunca mejor dicho. ¡Venga ese árbol de Navidad para la cabeza! ¡Vamos a ponernos el sombrero verde hasta que comamos las uvas! ¡Y vamos a aprovecharlo después para la noche de Año Nuevo, que hay que rentabilizar la inversión! Sin miedo al ridículo. Sin miedo a tropezar con los quicios de las puertas. ¿Acaso no hay otros que también tropiezan con los quicios y no precisamente por llevar un arbolito, sino por llevar unos como los de los renos de Papá Noel? Feliz Navidad y próspero sombrero nuevo.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero