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Otras opiniones

Un abusador sexual y ¿un juez con ego desmedido?

Noviembre 18, 2012

Pensó que se moría. Se dejó caer al suelo de rodillas. Las piernas, de repente, se habían negado a aguantar su peso. Le era imposible respirar. Trató de capturar algo de aire desesperadamente abriendo la boca hasta que se le agrietaron las comisuras de los labios. El corazón cabalgaba descontrolado en su pecho y le temblaba hasta el alma…. Cuando por fin consiguió regularizar su respiración, rompió a llorar incontrolada y desconsoladamente preguntándose ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?

¿Sabe usted que muchas mujeres han pasado por esta situación o alguna similar en los últimos días? Enseguida se las enumero. 

Un terrible descubrimiento

Rafael Prado llegó a casa a media tarde. Saludó con una sonrisa y un beso a su mujer y madre de su hijo de cuatro años. Le acarició la prominente tripa de ya casi siete meses de gestación. Dejó la bolsa de deporte tirada en el cuarto de baño y anunció que se iba un rato a hacer unos recados. Su esposa abrió la bolsa con la intención de poner a lavar la ropa sucia. Allí había siete discos pequeños (la mitad de un cd normal) de una video cámara. Ellos tenían una en la que su marido había grabado las andanzas de su hijo desde que nació.

Sonrió, los cogió y decidió verlos. Le apetecía recordar en imágenes cómo fueron los primeros pasos de su hijo. Lo que contempló la dejó atónita. Las imágenes registraban a su marido abusando sexualmente de menores en el campamento de verano en el que llevaba trabajando años. Se consoló un momento pensando que los pequeños estaban dormidos y no se enteraban de nada.

Y le faltó el aire y lloró y tuvo miedo. Llamó al hermano de Rafael y le contó su asqueroso descubrimiento. Luego fue a Comisaría a denunciarlo. Y después le dijo a él que se entregase. Rafael lo hizo y confesó: “Yo no quiero hacerle daño a los niños. Llevó abusando de ellos y grabándolo desde hace dos años. Se que está mal pero no puedo evitarlo”.

Una orden incomprensible

Muchas de las madres y padres de los menores que estuvieron en contacto con Rafael pasaron por la misma situación. Llanto, desconsuelo, rabia, preocupación…

Los investigadores no habían tenido tiempo material para analizar la enorme cantidad de imágenes que le fueron intervenidas al abusador confeso. A día de hoy no saben cuántos niños han sido abusados ni quiénes son.

Pero los padres y madres necesitan respuestas. Y es comprensible. Quieren saber si Rafael abusó de sus hijos o no. Por que no lo hizo con todos. Sólo con varones de entre 7 y 13 años. El grupo de mayor riesgo, los que tenían entre 7 y 9 años en el 2010 y 2011. Era tal el aluvión de llamadas que se recibía en Comisaría que los jefes del SAF (Servicio de Atención a la Familia de la Policía Nacional) destinaron a un agente cuya única función era atender el teléfono y tratar de sosegar y dar respuestas a los intranquilos padres.

Mientras la investigación seguía su curso. Rafael gastaba sus días en prisión después de ser detenido y confesar. Ahora, lo prioritario era identificar a sus víctimas menores de edad. Se destinaron más ordenadores y más expertos de la policía a esa labor. Se logró incluso reconocer a nueve de sus víctimas, pero de repente entró en las dependencias policiales una orden del juez instructor. Por ser precisos le diré que se encarga del asunto el de instrucción 2 de Madrid. En el papel se ordenaba a los investigadores paralizar cualquier gestión incluso se les prohibía ponerse en contacto con los padres de los niños.

Esto es lo que la policía le ha contado a todas las madres que han llamado a Comisaría en las últimas horas. La investigación la lleva el juez. “Si quieren saber algo llamen ustedes al juzgado de instrucción número 2”, les indican. Porque ellos están atados de pies y manos. Ni siquiera se pueden poner en contacto con los padres de los nueve menores que sí han sido identificados.

Hay que llamar al juez a diario

No se a usted pero a mi no me cabe en la cabeza que Su Señoría vaya a visionar todas las grabaciones intervenidas. Ni tampoco que se ocupe en sus ratos libres de identificar con nombres y apellidos a los niños abusados. Y descarto que llame a los padres para ponerles al tanto de sus pesquisas.

Le confieso que entre las madres que no saben si su hijo fue víctima de Rafael hay una amiga mía. Ella, que al enterarse también vivió la dramática situación que le he descrito al principio, no deja de preguntarse por qué el juez ha paralizado las gestiones policiales. Necesita saber si su hijo fue abusado, igual que el resto de madres y padres, y se encuentra a un juez que en vez de delegar en la policía para que la investigación sea ágil y las respuestas lleguen pronto, ha decidido enlentecer el proceso. ¿Será que tiene un ego descomunal?

Me ha pedido que se lo cuente a usted y que lo denuncie. Así lo hago. También me anuncia que ella piensa presentarse en el juzgado y llamar todos los días por teléfono para que el juez le de una respuesta y espera que todos los posibles afectados hagan como ella. Ante la paralización de las gestiones policiales, mi amiga quiere saber ¿por qué?, ¿por qué? ¿por qué?

 

Nacho Abad

nachoabad@extraconfidencial.com