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A renglón seguido

Tuppers y fiambreras

Octubre 8, 2012

Durante nuestra trayectoria, más o menos democrática, todos los gobiernos habidos en Hispania, han tratado, a través de las respectivas carteras ministeriales de Educación y otras ciencias, de encauzar el caudal del conocimiento –mejor dicho la falta de él-, con medidas reformistas, que en teoría –disciplina no reglada pero aprobada con matrícula por nuestra clase política-, tratarían de mejorar las tomadas por su antecesor en el cargo. Todas ellas encaminadas a no empeorar nuestro sistema educativo, y meternos en vereda, puesto que frecuentamos la senda del paquidérmico fracaso escolar sin levantar cabeza. Ni siquiera para no darnos de bruces repetidas veces contra la cruda realidad.
La penúltima ocurrencia del Ministro del ramo –menuda flor- José Ignacio Wert, que como su propio apellido indica debería de hacérselo ver, consiste en reformar la educación –en este caso no universitaria-; la séptima de nuestra joven y cartilaginosa democracia. Bajo el mandato de su paraguas ministerial, se pretende acabar con las numerosas goteras del andamio educativo que mojan a la masa social estudiantil, sin que cale en ella el aprendizaje que hace aguas por todas partes.

Al descubierto ante las inclemencias del desempleo
Nos estamos especializando en ser los campeones de la más sonora y ruidosa derrota educativa – ¡si al menos fuera disciplina olímpica!-, con la correspondiente gloria y recompensa de no poder incorporarnos al mercado de trabajo con la  capacitación necesaria para poder competir en este leonino mundo, donde hay que “ser un fiera”, sin llegar a hiena, para buscarse una laboral guarida en la que establecerse, y a cubierto de las inclemencias del desempleo.
Por otra parte, se pretende consignar en la papelera de los despropósitos parlamentarios, sin reciclar,  los ¿perversos? contenidos  de  la  asignatura 
 
 
Educación  Para  La Ciudadanía, sustituyéndola por la de Educación Cívica y Constitucional, dado que la primera es claramente ¿adoctrinadora?, mientras que la segunda es puramente orientativa; como si fuera, ésta, una auténtica brújula filosofal para no desnortar a los pupilos presentes, y futuras pupilas – ¡ojo!- de orla.  
Picnic pluricomensal
Paralelamente, resulta que, ¡con la cantidad de bebedores y comedores que se dan de alta en nuestra curia política!, los que le importan al gobierno son los escolares –política de recortes-, suprimiendo la subvención a los mismos e invitándonos, con nuestro dinero, a compartir pupitre y mantel rodeados de fiambreras y tarteras, de las de toda la vida, que convivirán con los “super” tupper, made in USA, en una especie de “picnic pluricomensal”.
Todo esto al módico precio diario de 3,40 euros/plaza por: uso, utilización, desgaste y mantenimiento de las instalaciones del centro educativo, asfixiando con desaire las ya maltrechas economías domésticas de los progenitores, más versados cada día, contra su voluntad, en partituras de las malditas músicas celestiales del apoquine; descubrirán, además, que todos tienen un antepasado en común, Paganini.
Al tiempo, los diputados de la Asamblea de la Comunidad de Madrid ingieren sus viandas en el figón del Parlamento por la friolera de 3,55 €, en un equitativo esfuerzo de reparto de las dolorosas medidas de ajuste presupuestario ¡je, je!;  todo el gabinete… al calor del amor en el bar. 
Acabarán por hacernos rescatar al mejor Gila, cuando se quejaba amargamente de que a él “también se le gastaba el niño” en el patio del colegio, sobre todo durante el recreo, sin compensación alguna.

Paco de Domingo