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Mensaje en una botella

Tuiteo, luego existo

Febrero 17, 2011

En 1969, el cantante Harry Nilsson cosechó uno de los mayores éxitos de su carrera con Everybody’s talking. La canción sonaba cuando John Voight salía a la calle recién duchado y mascando chicle compulsivamente al comienzo de Midnight cowboy, que en España se tituló Cowboy de medianoche siguiendo la inusual costumbre de respetar el nombre original de las películas extranjeras. Nilsson nos dejó en 1994, pero aquella canción es inolvidable y se presta perfectamente a adaptar su título a los tiempos que corren.

Ahora, 42 años después, Everybody’s talking puede transformarse en Everybody’s twitting porque todo el mundo está en Twitter. Si no estás en Twitter, no existes. Parece exagerado, pero no lo es. Tal es la fuerza de esta red social, en la que sólo se admiten mensajes de 140 caracteres, que se ha convertido en una fuente de información universal.

¿Estaremos a la vuelta de la esquina de una sociedad en la que Twitter sirva para que se hagan contratos y despidos, bodas y divorcios, anuncios y desmentidos, réplicas y contrarréplicas? ¿Se acabarán las conversaciones íntimas porque todo será público y nada quedará a salvo entre las cuatro paredes de una habitación? ¿No es una contradicción que el capitalismo consumista, que hace que todos se pirren por tener un smartphone, acabe convirtiendo en público todo lo que hasta ahora era privado?

Ni para irse tuvo huevos

Si eres director de cine y presides la Academia del ramo, te pasas el día tuiteando. Álex de la Iglesia anuncia su dimisión igual que comparte el rodaje de  La chispa de la vida a través de Twitter. En los mensajes, transmite su vida en directo. Gracias a esos mensajes, hemos podido conocer lo que opina de la Ley Sinde o hemos podido ver imágenes del rodaje de la película que protagonizan José Mota y Salma Hayek. Tiempo atrás, también pudimos pasar una noche en vela junto al director de cine en la soledad de su hogar acompañado por su perro Felipe.

Si eres escritor de éxito y miembro de la Real Academia Española, tuiteas menos pero abofeteas al más pintado. Arturo Pérez-Reverte escribió el epitafio político de Miguel Ángel Moratinos horas después de que éste se convirtiera en ex ministro: “Vi llorar a Moratinos. Ni para irse tuvo huevos”, difundió el escritor en su cuenta de Twitter poco antes de cerrar el círculo proclamando que “se fue como un perfecto mierda”.

La alegría de la huerta

Si eres presidente del Consejo Europeo, puedes informar del acuerdo de los líderes de la Unión Europea para reformar el Tratado de Lisboa. Pero no lo haces a través de una conferencia de prensa, sino por medio de Twitter. El belga Herman van Rompuy, que no tiene pinta de ser la alegría de la huerta, dio la noticia a través de esta red social y alegró la noche a los periodistas que permanecían de guardia en Bruselas.

Si eres presidente del Gobierno y quieres dar tu apoyo a Alberto Contador, lanzas un mensaje a través del twitter del Palacio de La Moncloa y listo. Si eres líder de la oposición y quieres dar un repaso al Gobierno, lanzas el mensaje a través del twitter del Partido Popular y ya está. Cuántos mítines y declaraciones oficiales nos ahorraríamos si los políticos se decidieran a ser más activos en Twitter y menos activos a la hora de hacer convocatorias que a menudo resultan huecas y aburridas.

Nada menos hueco y aburrido que el razonamiento cartesiano “Pienso, luego existo”. Este planteamiento, expuesto por Descartes en su Discurso del método de 1637, acaba de cobrar una nueva dimensión. Y, al igual que la canción de Nilsson, se presta perfectamente a adaptarse a los tiempos que corren: “Tuiteo, luego existo”.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

jdguerrero@extraconfidencial.com