Menú Portada
Otras opiniones

¡Tú sí que vales!

Noviembre 19, 2009

Tenía mi columna sobre el fraude de la gripe porcina prácticamente terminado cuando, de repente, una señora de ochenta y siete años, que entonaba una obra de zarzuela en un programa de televisión, consiguió atrapar mi atención. Vestía camisa blanca, y una de esas faldas afelpadas con las que, antaño, las mujeres conquistaban a los silenciosos hombres. Su voz era apagada, triste y hasta ingenua. Algunos dijeron que era entrañable en las distancias cortas, incluso habiéndose desplazado desde su Alcobendas natal hasta el lugar de la grabación del espacio con un incómodo autobús. No pude controlar la emoción. Las lágrimas rodaron por mi rostro cuando empezó a cantar. La anciana, que siempre había querido ser artista, recibió la negativa constante de sus padres porque, en aquella época, formar parte del mundo del espectáculo era una desvergüenza para la familia. Sucumbió ante los embistes de sus progenitores y se vio obligada a desterrar sus sueños por no decepcionar. Quizás si hubiera tenido la libertad de escoger, ahora gozaría de un estado monetario envidiable y portaría muchas anécdotas con las que ilustrar libros y revistas. “Ahora, –espetaba titubeante- ya soy demasiado vieja para poder dedicarme a esto de manera profesional”, dijo cuando subió por primera vez al escenario. Consciente de que la edad juega en su contra, su mirada me transmitió que nunca ha dejado de luchar por su verdadera vocación. A buen seguro que esos vecinos de su misma edad que desenchufan radios y televisores para escucharla a través del patio común, enjugan sus lágrimas cuando nadie les ve. Por un momento, el traqueteo de sus dientes, sus fruncidas facciones y esas manos que denotan un sinfín de vivencias rozaron las mías a pesar de la distancia. Quién sabe si esa mujer, cuyo nombre no recuerdo, sentía no poder marcharse a la otra vida sin cumplir su único deseo: sentirse como una estrella. Es de las pocas veces en las que, como telespectador, alguien a quien no conozco logra hacerme reflexionar. Debemos luchar por nuestros sueños para alcanzar la meta que necesitamos.
 
Nunca he estado al lado de los programas que intentan desinflar ilusiones ajenas. El personaje histriónico, bobalicón y agresivo de Risto Mejode consiguió destruir el mito de Operación Triunfo. Ver cómo adolescentes desbordantes de ambición eran apuñalados en directo con el único objetivo de poner carne fresca en el mercado de la putrefacción me hizo odiar los formatos que buscan estrellas fugaces. Sin embargo, el Tú sí que vales que presenta Cristian Gálvez ha hecho que me reconcilie con este tipo de espacios. Es de los pocos en los que se siguen alimentando ilusiones, se consigue emocionar e, incluso las palabras duras son menos duras. Algunos la critican, pero la nueva Noemí Galera me vuelve loco.
 
Saúl Ortiz es periodista y novelista