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Mi Tribuna

Tres actores en un escenario inédito para un futuro lleno de incógnitas

Diciembre 27, 2015
rajoy rivera sanchez

Estábamos en que el desenlace de las elecciones iba a dejar un panorama más o menos con el mismo dibujo de lo que tenemos hoy. Las encuestas anunciaban ciertas tendencias, aunque bien es cierto que no han contemplado cuestiones que la realidad de las urnas se ha encargado de colocar en su sitio. Ha pasado una semana y, con treguas navideñas incluidas, estamos ante un escenario interesante pero tremendamente inquietante. Junto con el futuro político de España se mezcla también el indiscutible interés personal de tres actores con papeles protagonistas de cuya interpretación depende la viabilidad de sus respectivos proyectos. Quien sepa manejar mejor esta situación a caballo entre eso que denominan ‘altura de miras’ y el egoísmo propio, tendrá un reconocimiento histórico que ahora puede hasta quedar más diluido por la importancia del momento, que nubla un bosque plagado de árboles.

Estamos en una situación de ingobernabilidad preocupante. No hay duda. Había alguna cábala que simplificaba las cosas con un acuerdo entre PP y Ciudadanos basado en la suficiente suma de ambos. No ha sido así, pero los resultados fueron fieles con los pronósticos internos de los populares que se manejaban en la horquilla de escaños que finalmente han conseguido. Lo de Albert Rivera es más preocupante porque frena las expectativas de un partido que soñaba con tener la llave para abrir o cerrar las puertas del Gobierno. Lo digo ahora, para no entrar en juegos ventajistas: si Ciudadanos no consigue organizarse internamente y, sobre todo, si no es capaz de pronunciar un mensaje claro sobre sus posiciones, su declive será progresivo porque no se puede vivir siempre de los votantes desencantados. Es esencial tener los fundamentos políticos bien asentados y trabajar sobre ideas propias. La ambigüedad tiene precio en política y, en estas elecciones, Rivera y los suyos lo han empezado a pagar.

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, a lo suyo

Al otro de lado de la cama, Pablo Iglesias sigue a lo suyo, y Pedro Sánchez también. No, parece que sea lo mismo pero el juego de izquierdas tampoco ofrece buenas sensaciones. Puede que la resaca de estas elecciones navideñas haya dibujado una sonrisa en el líder de Podemos, a quien las encuestas le obligaron a pronunciarse en torno a una remontada que ha ido cuajando durante la campaña. Diferente cuestión es la debacle de quien aspira a gobernar España con los peores resultados en la historia del PSOE. Pero no se asusten. Los socialistas ya gobiernan así en la actualidad en ayuntamientos o comunidades autónomas, pactando con extremistas o con quien sea necesario. No les ha temblado el pulso. Los políticos perdedores han hecho de su derrota un lema cuando dicen eso de que las urnas piden cambio simplemente porque se aferran a sumar votos ideológicamente próximos. Pero, ¿de lo tuyo qué? El fracaso del Partido Socialista es tan grave que no me extraña nada la disparidad de criterios internos entre barones y no barones cuestionando las alianzas a cualquier precio que pueden acabar por dinamitar los cimientos de un partido histórico que ahora vive su momento más bajo.

En juego, su credibilidad

Rivera, Sánchez y el propio Rajoy se juegan su credibilidad interna asumido que lo que antes entendíamos como el bipartidismo de las formaciones de siempre (PP y PSOE) ahora se traduce en dos bloques asimilando al incierto Ciudadanos al lado del PP, claro. En sus partidos ya tienen interiorizados los resultados, pero falta por interpretar el fruto de los pactos y el futuro político de España si estuviera abocado a unas nuevas elecciones. Personalmente, no creo que eso le interese a Rivera, ni siquiera a Podemos, pero como estamos ante una situación inédita es difícil manejar una predicción.

Lo que debemos valorar ahora es el peso de cada líder cuando miran hacia el interior de sus organizaciones, temblorosas por la incertidumbre de estar ante un escenario inédito que añade zozobra a unas incógnitas sin resolver. No sabemos quién será el nuevo presidente del Gobierno; tampoco qué partido tendrá capacidad de entenderse con alguien; ni siquiera si nos conviene acudir a unas nuevas elecciones como si fuera la segunda vuelta que tanto nos suena de otros países de nuestro entorno. Total, después del añito electoral que llevamos hasta hemos cogido gustillo a esto de votar… y que no valga para nada.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68