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A renglón seguido

Torneo, trono y Toro de la Vega

Septiembre 21, 2015

Se ha levantado, jornadas atrás, una prosaica polvareda propia, por su perfil pajizo y seco, de los versados Campos de Castilla a causa de cierto atávico y tradicional festejo celebrado en la villa donde se firmó, en tiempos de Isabel la Católica, entre lusos y castellanos el Tratado que aseguraba los derechos de ambos pueblos sobre los neoterritorios de ultramar, hecho que aconteció en la villa de Tordesillas.

Justo aquí, y mientras cientos de mujeres plenas daban a luz rompiendo aguas, y las aguas a plena la luz rompían frente a las femeninas costas cántabro-galaicas durante la ciclogénesis explosiva de los últimos días, uno de los dos mamíferos más apreciados de la dehesa, que no es el de “los andares”, participó, en calidad de víctima segura, en el festejo del Toro de la Vega.

Combate desigual

El cuadrúpedo propicio de este año por nombre “Rompesuelas” de casi 6 años, algo más de 600 kilos y unos 6000 euros de coste para el erario público tordesillano, ya no desgastará más las cáligas de sus unguladas pezuñas. En la secular reunión popular, el negro bragado morlaco extremeño ha caído, como manda la tradición, lanceado por un improvisado matarife leonés.

Resulta llamativo que este “hermanamiento cultural” entre el bravo y los acosadores, que goza de la categoría de torneo, ha sido declarado  nulo por el jurado, privándole de la efímera gloria en el trono al autor, por no haberse respetado las zonas de acoso y abatimiento del bicho, que se ha efectuado por la espalda. Según mi mejor libro del saber (RAE de la Lengua) torneo: “Combate a caballo […] entre dos bandos opuestos”, o bien: “Danza […] a imitación del torneo llevando varas en lugar de lanzas”. Combate: “Pelea entre personas o animales”. Se explica por sí solo que hay un desencaje nominal.

El ministro de Justicia y el Código Penal

Florecen los antitaurinos –animalistas provida-: protegen a vida la fauna, y aparecen los filotaurinos –protaurinos-: defienden a muerte, por definición, sus posiciones. La presidenta del Partido Animalista, está, junto con los miembros de esta agrupación, en contra del Toro de la Vega, no sólo por ser vegana –porque le viene en gana-, sino por ser, paradójicamente, su primera espada, que pende cada día más sobre la cabeza de los defensores de las celebraciones con participación de reses bravas o mansas y demás de bichos vivientes.

Preguntado el ministro de Justicia, el español y Catalá Rafael, acerca de la celebración del evento pucelano, manifiesta salomónicamente: “Lo que no está prohibido […] está dentro de las libertades de los ciudadanos”. Parece que debería de revisar el Código Penal; en concreto los artículos 336 y 337 donde se recogen las limitaciones a la acción del hombre sobre el resto de los irracionales. ¡Anímese!, de ministros, aunque no sean sabios, es rectificar.

Por cierto, ¿Tendrá consideración de maltrato animal las condiciones de supervivencia a las que están siendo sometidos los refugiados desplazados por conflictos bélicos con apetito de paz y los migrantes nutridos de necesidad?

Paco de Domingo