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Mensaje en una botella

Todos somos griegos

Febrero 25, 2010

Si Pericles volviera hoy de entre los muertos, no tardaría en darse media vuelta para regresar al Hades. Tal vez Caronte no aceptara una moneda de euro como pago para cruzar la laguna Estigia. Pero un hombre de mente preclara como Pericles sabría resolverlo de la única manera que un griego como él podría hacerlo: pensando.

       Grecia es ahora el ejemplo al que nadie quiere aferrarse, la peor comparación posible, el enemigo público número uno, la mayor desgracia conocida. Grecia es ahora el hermano tonto, ése que se ha convertido en el peor zoquete de los que te rodean. Grecia es ese niñato que personifica mejor que nadie la Generación ni-ni. Porque ni estudia, ni trabaja, ni sabe hacer la o con un canuto. La omicron, naturalmente, porque la omega es otra cosa.

Hemos renegado del país que es, indiscutiblemente, la cuna de la civilización occidental. “Pero estos griegos no son aquéllos”, argumentará usted, que un día se emocionó leyendo los versos de Homero o viendo representar alguna de las siete tragedias conservadas de Sófocles. No le falta razón. Pero permítame que le transmita lo que yo pienso. Sólo serán unas líneas. Y, ¿qué son unas líneas en comparación con todas las líneas que ocupan los demás textos del mundo?

          Una lengua muerta

          Porque, aunque estos griegos no sean aquéllos, estos griegos pisan la tierra sobre la que se levanta la Acrópolis. Si usted llega a pisar más de una vez la roca sagrada, comprenderá que visitar la Acrópolis es siempre diferente. La explicación es sencilla: siempre parece que es la primera vez.

        Estos griegos son los que acunaron la democracia, la misma democracia que ahora defendemos como el mejor sistema político ideado por el ser humano. Estos griegos son aquéllos que descubrieron el teatro que hablaba de la guerra, de los malos tratos, de la Justicia, de la corrupción política, de la crisis económica… ¿A que estos temas de los que ya preocupaban a los griegos son los mismos de los que podrían preocuparse ahora, 2.500 años después?

La actual Grecia se asienta sobre aquella Grecia. Mejor dicho, la lleva dentro. Pero la enseñanza que se imparte hoy las aulas ha ninguneado el estudio de la Grecia clásica. No me refiero a su lengua, definida en la actualidad como lengua muerta. Es curioso enterrar una lengua de la que procede una cantidad inmensa de nuestro vocabulario. Si usted o yo tuviéramos que prescindir de las palabras que proceden del griego, no podríamos comunicarnos. Así de claro.

Conquistar tu Destino

“Todos somos griegos”, escribió el poeta inglés Shelley. Pero el helenista José Luis Navarro amplía la frase: “Todos somos griegos, aunque unos más que otros”. El Magister, como me gusta llamarle, me dio clase de Griego cuando se estudiaba Griego en el Bachillerato. El profesor Navarro daba clase (y sigue haciéndolo) en un instituto público del barrio obrero en el que crecí. Gracias a él, aprendí que todos tenemos.

“Las consideraciones de clase no pueden interferir con el mérito. Aún más, la pobreza no es óbice para el ascenso. Si un ciudadano es útil para servir al Estado, no es obstáculo la oscuridad de su condición”. Este fragmento de la Oración Fúnebre, uno de los discursos de Pericles a los atenienses, es probablemente el mejor ejemplo de lo que la democracia puede hacer por el ser humano: concederle la oportunidad de conquistar su propio Destino. Llegará el día en que todos querrán ser griegos. Incluso los que ahora reniegan de ellos.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

jdguerrero@extraconfidencial.com