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Otras opiniones

Tocar sin ver

Mayo 23, 2010

Una cita con un personaje desconocido y virtual es una experiencia que en la actualidad sucede día tras día. Miles de contactos de cualquier lugar, que podrían ser miles de oportunidades, de caminos en la vida. Pero la química en directo no siempre se corresponde con la fantasía cibernética.

Hace un par de semanas, buscando la novedad, me dejé convencer por un desconocido de la red. Llevábamos meses hablando, sin vernos las caras. Horas enfrente de una pantalla, imaginando lo que se esconde detrás de ella. Pensamos que había llegado el momento.

Ambos coincidíamos en querer darle un toque personal, distinto, original a la primera cita. Un lugar a oscuras, en contraposición a los escaparates “ver, no tocar”, la ocasión se basaba en simplemente tocar, sin ver absolutamente nada.

Sentir, dejarse llevar por todos los sentidos menos uno: la vista. ¿Dónde? En la oscuridad de la habitación de un hotel. A mitad de camino, ni más ni menos. Aproximadamente a las 21.30, cuando el sol se esconde.

Fijamos la cita un miércoles. El jueves noche estábamos ambos en el lugar indicado. Él debía llegar antes, yo media hora después. Lo justo para no encontrarnos en la calle, entonces el plan no habría resultado.

Llegué a la puerta del hotel a las 22.00 exactas. Me temblaban las piernas mientras subía en el ascensor. Al fin y al cabo no dejaba de ser una primera vez. Cuando llegué a la planta 4, y me aproximé a la puerta de la 405 un escalofrío recorrió mi espina dorsal.

Recuerdo dos sentimientos contradictorios, deseaba salir corriendo pero al mismo tiempo me entusiasmaba sobremanera la idea de la habitación oscura. De aquel personaje desconocido al que sólo podría tocar, oler, sentir…

No tuve tiempo de tocar la puerta. Esta se abrió repentinamente y pasé lentamente con las pulsaciones disparadas por completo. Alguien me agarró por detrás, rodeando mi cintura; pude notar su aliento cálido en mi cuello. Hundió su nariz entre mi pelo, y me regaló un gemido de satisfacción.
Susurró…

– Estás temblando

Y sí, ciertamente yo misma podía notarlo. Me sentí sin fuerzas, abandonada al cúmulo de sensaciones que oprimían mi pecho.

Giré sobre mi misma y ahí estaba, ni siquiera podía ver su sombra. Nos encontrábamos ante la más absoluta oscuridad. Sus manos aún seguían rodeando mi cintura. Sus labios se deslizaron durante varios minutos por mi cuello.

Parecía como si quisiera grabar mi olor, quedarse con el recuerdo de cada uno de los rincones de mi piel. Era verdaderamente estremecedor, y sucumbí. Sucumbí a sus encantos, no podía verle pero sentía la intensidad como nunca antes.

Sus manos paseaban por mi cuerpo, buscando conocer a través del tacto los secretos que guardaba. Las mías palpaban su torso. Un torso desnudo cinco minutos después. Aquel cuerpo me abrazaba desprendiendo un agradable calor.

Nos dejamos caer sobre la alfombra de la habitación. Tras varios minutos investigando, logró despojarme de toda mi ropa. Todo lo que podíamos sentir en aquel momento hubiera superado cualquier después, cualquier escena.

La alfombra nos recogía a ambos, y aquel desconocido al que estaba aprendiendo a palpar me abrazaba y besaba mi piel por cualquier rincón posible.

Lo más probable sería pensar que hicimos el amor, pero no fue así. Al menos no físicamente. Hicimos mucho más que eso. Pero es algo que… difícilmente puedo explicar con palabras.

He aquí mi experiencia