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Los puntos cardinales

Tin Tin y el Manneken Pis, paladines frente a la secesión

Diciembre 13, 2010

Así, como el que no quiere la cosa, despedimos la Presidencia Semestral de la Unión Europea que, aunque no lo parezca, ha estado en manos de Bélgica. Han sido seis meses en los que ha habido que adoptar medidas de rescate para Irlanda, el euro prácticamente se ha visto obligado a pedir una cuenta de protección, como en el boxeo, y Francia y Alemania han vuelto a demostrar que entre los veintisiete socios hay dos que duermen en suite.

Las enseñanzas que nos deja este periodo mueven el péndulo por igual entre el hartazgo ciudadano y la tranquilidad confortable que da pensar en la inercia institucional. Porque mientras la Unión surfea sobre las turbulencias, con un ex primer ministro belga a la cabeza, –Herman Van Rompuy-, el país sede de los organismos comunitarios sigue prolongando su bloqueo. Y no pasa nada.

Dos semanas antes de que comenzase el turno presidencial, las elecciones legislativas ponían de relieve que la división interna de los belgas es un hecho inexorablemente abocado a una separación con cuya mejor fórmula nadie ha sido capaz de dar hasta la fecha. La mayoría de las papeletas otorgó el triunfo al nacionalista flamenco, Bart De Wever, seguido en segundo lugar por el socialista valón, Elio Di Rupo. El rey Alberto II ha venido manteniendo contactos con ambos para buscar acuerdos de formación de Gobierno, pero ninguno ha funcionado. Porque la hora de la verdad no estaba en la noche de pegada de carteles, al inicio de la campaña, sino al final del recuento. La división, aunque por ahora sea sólo en clave de estado de ánimo, tiene que encontrar a la vez de qué modo se plasma todo esto en acuerdos políticos de obligado cumplimiento en los que se contemple, por ejemplo, cómo se articulará el gasto público para las dos comunidades o las transferencias de poder para ambas. Sin olvidar qué ocurrirá con el área de Bruselas y si, finalmente, la apuesta será claramente por una confederación.

El próximo 1 de enero Hungría recogerá el testigo de la Presidencia. No parece, por el momento, que la situación de la comunidad gitana magiar vaya a figurar en la agenda de quebraderos de cabeza de las autoridades de Budapest, aunque la madriguera secesionista es cada día más profunda en el viejo continente y tiene un enorme poder de contagio. CiU ha vencido en Cataluña y contará con comparsas abiertamente independentistas en el nuevo Parlament. Y, más recientemente, el pasado domingo, Kosovo ha celebrado sus primeras elecciones libres tras separarse de Belgrado, toda una muestra de orgullo frente al antiguo Estado dominante.

Lo bueno de Bélgica es que, pese a todo, Tin Tin y el Manneken Pis siguen siendo los mejores embajadores de un puzzle que está indefectiblemente condenado a deshacerse.

Ángel Gonzalo, redactor jefe Internacional de ONDA CERO